EDITORIAL
El plan de austeridad
Ante un clamor generalizado, el gobierno finalmente ha dado a conocer en concreto las medidas, metas y objetivos con las que enfrentará las secuelas de la guerra en Medio Oriente.
Ya puede decirse que el plan de austeridad tiene su hoja de ruta definida, comprometiendo al gobierno en un serio esfuerzo en favor de la estabilidad económica y social.
El plan incluye reducir el gasto corriente y operativo, tanto en publicidad, compra de vehículos, como en combustibles, viáticos y dietas.
El gobierno identificará las partidas presupuestarias en áreas que pudieran ser reducidas, incluyendo un recorte del 50% en la asignación a los partidos políticos.
El objetivo ulterior es acumular una reserva o ahorro de 40,000 millones de pesos para enfrentar el pago de la factura petrolera y los subsidios sociales.
Para que este intento no fracase como otros anuncios de austeridad —donde los funcionarios ignoraban los decretos—, el control de la ejecución recae ahora directamente en el director de Presupuesto y los ministros de Hacienda y de la Presidencia.
Pero no basta con la buena voluntad. Se necesita transparencia: publicar mensualmente en la prensa el balance de los ahorros alcanzados, con cifras claras y accesibles para la ciudadanía.
Además, el gobierno debería compensar el recorte del gasto corriente con un aumento de la inversión pública, para mantener el dinamismo económico y contrarrestar la caída del PIB.
Sólo así se ganará la credibilidad y la confianza que el momento exige.

