EDITORIAL

Muertes que estallan las alarmas

El registro oficial de muertes infantiles en el país se está incrementando de forma inexplicable en el primer trimestre de este año.

El Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud contabiliza 273 muertes infantiles hasta la primera semana de este mes, lo que obliga a las autoridades a indagar las causas.

Urge que el Ministerio de Salud, el Colegio Médico Dominicano y las sociedades especializadas examinen con rigor qué está desencadenando ese fenómeno irregular.

Cuando la cobertura de nacimientos es casi universal, los centros sanitarios disponen de equipos modernos y procesos que se suponen de calidad, inquieta ver la cantidad de infantes que mueren antes de cumplir un año.

Igualmente, las autoridades mantienen un aceptable servicio de vacunación en todo el país, que se complementa con la atención privada.

Lo que nadie ignora es que tanto para niños como para jóvenes y adultos, en el país no hay políticas de salud preventiva, salvo campañas reactivas ante epidemias o brotes.

Aunque los afiliados al Sistema de la Seguridad Social pagan –junto a sus empleadores– para recibir salud preventiva, en los hechos las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS) no brindan ese servicio.

A esa realidad se agrega que en República Dominicana la ciudadanía por lo general carece de educación sanitaria, la aliada natural de la salud.

Solo hay que observar con la normalidad que millones de personas arrojan todo tipo de basura en calles, carreteras, cañadas, bosques, ríos y playas, dañando el hábitat de la vida.

Si a ello se une la alta contaminación de todo tipo que impera en el aire y la escasa cobertura de agua potable en las casas, tenemos un ambiente propicio para que los más vulnerables –niñez y adultos mayores– enfermen.

Una vez enferma, la gente choca con la baja cobertura de medicamentos de las ARS, la carestía de medicinas y suplementos para una población mayoritariamente de escasos ingresos.

Buscar las causas reales del incremento de las muertes infantiles y salir con decisión a cortarles el paso, es un imperativo de la hora del gobierno y los profesionales de la medicina.