EDITORIAL

Destellos que iluminan la Nochebuena

En esta noche en la que tantas casas se visten de luces y mesas abundantes, hay otros hogares donde la oscuridad no es solo la que cae con el ocaso.

Hogares donde el silencio no es el de la expectativa festiva, sino el de la resignación. Hoy, sin embargo, dos destellos de humanidad atraviesan esa penumbra.

Doña Gladys Cornielle Gómez, de 76 años, y doña Mercedes Liz Padilla, de 72, son dos madres trabajadoras que durante décadas levantaron a su país con sus manos y que ahora, en el invierno de la vida, conocen el frío del olvido.

Sus historias, que ayer publicamos con el corazón encogido, son un espejo que nos devuelve una imagen incómoda.

La de Mercedes, en Santiago, escuchando cómo tiemblan las paredes de zinc de su casa cada vez que pasa un vehículo, sosteniéndose en una máquina de coser silenciosa y en un audífono roto que guarda como un tesoro.

La de Gladys, en Barahona, mirando una Navidad ajena desde la penumbra de una vista que se apaga, diciendo con una calma que duele más que un grito: “Yo soy huérfana del gobierno”.

Hoy, por un instante, esa oscuridad se quiebra. Un gesto del senador Félix Bautista y una decisión de la Superintendencia de Pensiones les traen no solo alimentos o el derecho postergado a una pensión.

Les traen algo más intangible y profundo: la certeza de que no han sido completamente borradas del mapa de la compasión. Que alguien las vio.

Esta Nochebuena, doña Gladys y doña Mercedes tendrán, quizás por primera vez en muchos años, algo que llevarse a la boca y, más importante, algo que llevarse al corazón: la sensación de que importan.

Que su lucha de 25 años en una zona franca, su esfuerzo por criar hijos contra viento y marea, su dignidad silenciosa, no han caído en el vacío.

Que estos destellos de hoy no se apaguen mañana. Que iluminen el camino para que ninguna otra doña Mercedes tenga que caminar 35 minutos sin comer para llegar a un médico.

Que ninguna otra doña Gladys tenga que declararse huérfana del país al que dio su vida.

La verdadera luz de la Navidad no está solo en los adornos que cuelgan de las calles.

Está, sobre todo, en esos destellos de solidaridad que logran penetrar las casuchas más humildes y calentar el corazón de quienes creían que el mundo los había olvidado.

!Que esta Navidad sea feliz para todos!