EDITORIAL
¡Cierren esos puntos de drogas!
Si las autoridades admiten que en los entornos de nuestras escuelas operan “puntos de drogas”, ¿qué estamos esperando para erradicarlos?
Muy cerca o junto a ellos, también hay sitios de expendio de “vapers” o cigarrillos electrónicos, a los que generalmente se les añaden componentes adictivos.
La existencia de estos negocios, operando al margen de las leyes, es la más brutal amenaza a los esfuerzos que apuntan a impedir y desalentar el acceso de los menores al mundo del consumo y tráfico de estupefacientes.
Por ahí comienza una ruta peligrosa que daña sus conductas, su apego a la educación y empuja a muchos por los siniestros senderos de la delincuencia.
El Panel de Expertos que ha organizado el Listín Diario para descubrir estas realidades nos confirma que el drama de la delincuencia entre los menores es más grave de lo que percibíamos.
Kastiuka Santana, técnica del Ministerio de Educación, advierte que estos productos están llegando con facilidad a adolescentes de entre 14 y 16 años, una etapa crítica donde el cerebro aún está en desarrollo y en ruta hacia la madurez.
Con esta admisión de las autoridades, urge entonces disponer de un vasto y sistemático operativo para cerrar esos “puntos de drogas” a las mismas puertas de nuestras escuelas.
Pero esto es solo el primer paso. El problema exige una respuesta integral, porque lo que ocurre después —cuando un menor entra en conflicto con la ley— revela un sistema fragmentado, con graves carencias y una alarmante tendencia a la reincidencia.
El general José Santana, director de la Policía Especializada de Niños, Niñas y Adolescentes, describe un ciclo perverso: detención, entrega a las autoridades, devolución a las familias y, en días o semanas, regreso al sistema por nuevas infracciones.
Es constante la cuestión de los reingresos, mientras el país carece de reformatorios provinciales o espacios especializados para rehabilitación.
El Listín Diario hace un llamado vehemente a las autoridades competentes: actúen ya para desmantelar los puntos de venta ilegal alrededor de las escuelas.
Y, al mismo tiempo, propone un compromiso nacional para romper el ciclo de abandono, violencia y reincidencia que afecta a nuestra niñez y adolescencia más vulnerable.
Protegerlos es una obligación ética y la única garantía de un futuro más seguro para todos.
La educación, el afecto y las oportunidades deben ser las verdaderas barreras entre nuestros jóvenes y el abismo.

