EDITORIAL

Presidente, ¡sacúdase de esas lacras!

Construir una cultura de honestidad e integridad en el manejo de los fondos públicos será una utopía, mientras los gobiernos no den ejemplos firmes en la lucha contra la corrupción y la impunidad.

Desde el inicio de su mandato en 2020, el presidente Luis Abinader ha declarado que su prioridad fundamental es romper con ese legado pernicioso.

Incluso lo ha reafirmado con contundencia, asegurando que en su administración “no aceptamos actos de corrupción y desapareceremos la impunidad”.

Sin embargo, la realidad que vivimos parece desafiar esas promesas.

La corrupción y la impunidad, hermanadas en los últimos gobiernos, parecen perpetuarse.

La ciudadanía observa con preocupación una inacción judicial ante múltiples escándalos denunciados, muchos de los cuales han llegado incluso a la Dirección de Ética e Integridad Gubernamental.

La capacidad de asombro de los dominicanos se ha agotado ante la sucesión de estos casos.

El crimen sin castigo no es solo una falla. Es un incentivo perverso.

Promueve la peligrosa cultura de aceptar la corrupción como un mal inevitable, e incluso de aplaudir como héroes a quienes se enriquecen a costa del erario.

No se trata solo de una cuestión educativa. Se trata, primordialmente, de aplicar condenas ejemplares a los corruptos.

Es la hora de pasar de las palabras a la acción, de librar un combate frontal, sin excepciones ni miramientos.

El Presidente tiene en sus manos la oportunidad histórica de sacudirse a los carroñeros del Estado.

Es imperioso levantar las alfombras bajo las cuales se incuban y multiplican las exacciones al bien común, y fumigar las lacras que allí se anidan.

Ahora debe hacer valer su palabra, rompiendo de una vez por todas con el ciclo de décadas de robos, ya sean descarados o discretamente encubiertos, que se han perpetrado desde las propias entrañas del Estado.