CON EL SUDOR DE SU FRENTE

LLaret traza su vida con la venta de Pulseras

Julio César Llaret Rodríguez es vendedor de pulseras artesanales desde hace tres años en los alrededores de distintas universidades de la ciudad de Santo Domingo y ha logrado mantenerse con este oficio.

Vendedor. Julio César Llaret Rodríguez asegura que aunque pasó por todos estos acontecimientos, no paró sus sueños y se levantó de los acontecimientos negativos con la esperanza de poder adquirir los recursos económicos necesarios para vivir.

Vendedor. Julio César Llaret Rodríguez asegura que aunque pasó por todos estos acontecimientos, no paró sus sueños y se levantó de los acontecimientos negativos con la esperanza de poder adquirir los recursos económicos necesarios para vivir.

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Solángel Ortega ReyesSanto Domingo

Con los sueños rotos, más no la esperanza. Con la piel cansada, pero no la fe, y con la valentía de quienes se saben humanos para admitir sus errores, Julio César Llaret Rodríguez se esfuerza para vivir dignamente vendiendo pulseras en los alrededores de distintos centros universitarios.

Llaret llegó al país deportado desde Estados Unidos hace cinco años por un problema en un centro de diversión con la seguridad del lugar, luego de ser acusado formalmente de intento de homicidio. En la cárcel aprendió a hacer las pulseras que hoy le permiten ganarse el dinero para pagar sus gastos.

El estigma de la deportación, surtió efecto en Llaret y fueron muchas las puertas que le fueron cerradas en su búsqueda de un trabaio digno que le permitiera la reinserción laboral. Fue entonces cuando junto a su vecino Roberto Jáquez Ramírez hizo realidad la frase del filósofo Platón: “La necesidad es la madre de la invención”, y ya en 2012 ambos crearon una microempresa.

Jáquez Ramírez se encargaba de hacer pulseras artesanales que Lloret sale a vender en las calles y las universidades.

Sale al salir el sol. “Me marcho desde la 30 de Marzo y recorro a pie distintas universidades, como la Universidad Iberoamericana (Unibe); Universidad Tecnológica de Santiago (Utesa); Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD): Universidad Católica de Santo Domingo (UCSD); y después termino el trayecto en la Universidad Organización y Método (O & M)”, cuenta.

Su trajín empieza desde las 8:00 a.m. hasta las 10:00 p.m., de lunes a sábado. Todo esto para cubrir sus gastos que, en promedio, calcula que se gana unos RD$400 al día y cuando tiene más clientes puede obtener hasta RD$1,000. De esta manera Llaret entra a engrosar la lista de personas que sobreviven del comercio informal.

Suceso Llaret no eligió realizar esta labor. Asegura que fue la vida la que le presentó como única oportunidad para ganarse la existencia con dignidad después de llegar al país como deportado. Narra cómo sus sueños se troncharon aquella noche en la que el destino le marcó en una nación condicionada por la discriminación racial y económica. Es muy sorprendente cómo la vida de una persona puede cambiar de la noche a la mañana.

Cuenta Llaret, quien ahora tiene 60 años, que un día al caer la noche decidió ir a un bar después de haber terminado su trabajo, encontrándose un problema que distorsionó su camino.

“¿Cómo no recordar esos tiempos?. Mi mujer, que en paz descanse, estaba embarazada en República Dominicana de mi hija, que ahora es mayor de edad”, manifestó.

Es un momento que nunca lo olvidará. “Ahí tuve un gran incidente con unas tres personas desconocidas que se encargaban de cuidar el lugar. Me duele tanto que haya pasado esto, porque mi vida jamás ha vuelto a ser igual”, reveló él. Refiriéndose a cómo tuvo que defenderse de esos individuos que lo trataron sin respeto, solo por el hecho de no haber nacido en ese territorio. “Una de las tantas cosas que uno tiene que pasar cuando está en otro país es el hecho de cómo las personas te tratan por ser extranjero”.

Indica que “gracias a la xenofobia que se respira en el Norte, cometí un delito”, no solo por llevarse de las emociones, sino también por la impotencia que corrió por toda su sangre.

“Después de esta discusión, le lancé mi vehículo a los agentes de seguridad con los que tuve problemas, recuerda al agregar, pero solo llegó a afectar la puerta de la discoteca. Por ese motivo fue acusado de “intento de asesinato”.

“Unos 15 días después del hecho, fui apresado en USA, entonces las autoridades de ese país me pusieron a elegir varias alternativas. Entre ellas, estar preso 20 años en la cárcel o ser deportado por voluntad propia en el año 2000”, cuenta.

“Así, como todo hombre que ama la libertad, decidí la segunda opción, que para mí fue como una gran oportunidad de volver a comenzar”, expresó con mucha tristeza en su rostro y así es como día tras día se desplaza por diversas universidades con el objetivo de poder cumplir en el país lo que no pudo hacer en Estados Unidos: cambiar su situación económica.

Añade que todas las decisiones que tomó siempre fueron teniendo en miras a su familia. Tiempo después de esta tragedia, y ya viviendo en el país, decidió buscar trabajo, como cualquier ciudadano que regresa deportado. Pero sus éxitos no iban de la mano con sus objetivos, porque por haber pasado por esta circunstancia, ningún empleador de los que había visitado le dio una llamada para decirle que lo había contratado.

Opina que todas las personas deben tener oportunidades en la vida, y cree en ellas, aún cuando haya pasado por cualquier etapa negativa. Relata que tiene muchos deseos de ser grande económicamente y poder emprender un negocio que le genere más ingresos.

También dijo que ha estado ahorrando de lo poco que gana para en un futuro no muy lejano poder emprender un puesto de empanadas en su residencia en la 30 de Marzo. “Eso será una de las cosas que haré antes de morir. Tengo mis metas muy claras en mi vida”, dijo.

Con certeza afirma que muchas personas tienen pasados que no son dignos de contar, pero deben tener una segunda oportunidad.

(+) ESTADÍSTICAS DE MERCADOS INFORMALES Datos del CONEP y del Banco Central Los negocios informales tienen gran peso dentro de la economía dominicana. Según revela una investigación del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), entre los años 2000 y 2012, el sector informal alcanzó los 2.3 millones de empleos.

En ese período se crearon 667,785 empleos informales. La Encuesta Nacional de la Fuerza de Trabajo del 2012 indica que el 57.1% de las ocupaciones en el país son informales.

El alto nivel de desempleo en el sector formal ha traído consigo el aumento de los sectores informales. En el 2013 la tasa de desempleo fue del 15% frente al 14.7% del 2012.

En cuanto al Banco Central, en el 2006 se realizó una investigación concluyendo que alrededor del 48.5% de la población tiene ocupaciones informales en distintas ciudades de América Latina y el porcentaje se acercaba al 51.4% en las mujeres y 46.3% en los hombres.

En República Dominicana los porcentajes revelan una alta incidencia de informalidad. En términos absolutos hay un total de 83 2inmigrantes que han sido deportadas desde EE.UU. en 2015 al país.

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