Santiago y la reinvención de la rueda

Reinventar es un verbo, y el verbo es acción. Inventar algo nuevo sobre lo ya hecho. Pero a veces, este verbo es mal aplicado, o mal entendido, en los hechos. Se hace algo que se ha hecho siempre, pero lo presentamos maquillado de algo nuevo y pretendemos que todos y todas asuman el hechizo.

El fin de semana pasado estuve caminando entre ese espejismo de algo vendido como nuevo, como primero, y que no lo es. La rueda reinventada de la “primera” Feria Regional del Libro del Cibao.

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Mi intención primera fue visitar a una amiga querida en Santiago de los Caballeros. Llegué el viernes en la noche. Ya instalada y puesta al día con mi amiga, avance en la segunda intención de mi visita, ir a la feria regional.

Me extrañó ver tan pocas personas en el área del Gran Teatro del Cibao, aunque esto me deparó con una suerte que no había tenido desde hace años, la de entrar y disfrutar sin filas ni gentío el stand dedicado al comic.

Repase rápidamente los espacios, no eran muchos. Cada provincia del Cibao (la región norte de República Dominicana) tenían un cubículo en el que mostraban, y vendía, libros de autores originarios de cada provincia, además de artesanías y cuadros. Alcancé a ver un espacio ocupado por la Fundación Juan Bosch. Entré al Teatro, al que nunca había entrado hasta ese día. Exacto en su estructura a su homologo de Santo Domingo, aunque con una decoración distintiva. Ya no había actividades, pues faltaba menos de una hora para el cierre del día.

El espacio dedicado a los eventos ocupaba la mitad del área de los parqueos.

Un personal muy atento. No pude identificar ninguna editorial en esa mirada rápida que hice. Eso sí, encontré gente de las buenas que siempre han estado alrededor de las actividades en las que el libro es el centro, o al menos lo intenta.

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Al día siguiente estuve en el Centro León, pues varias actividades de esta “primera” feria en Santiago (ya les aclararé las comillas), de acuerdo con el programa, se desarrollaron en otros espacios culturales de Santiago.

Estuve en la presentación de una antología de poetas dominicanos traducida al italiano, “Voces del mar y del café. Poesía dominicana actual y transmedialidad”, publicada por el Departamento de Lenguas, Literaturas, Culturas y Mediaciones de la Universidad de Milán. Sus editores Marina Bianchi y Danilo Manera hicieron la presentación del libro, que pueden obtener de manera gratuita en la web del proyecto Transmedialita.

Algunos de los poetas antologados estaban presentes y leyeron sus poemas. Los editores explicaron los criterios de elección, siempre limitada cuando se antologan escritores y escritoras, y se explicó el concepto de transmedialidad en la poesía, uno novedoso para mí, pero interesante cuando se aborda la literatura desde la crítica.

Luego de la actividad y un paseo por al Centro León, aproveché para conversar sobre la Feria con escritores y gestores culturales para examinar la rueda.

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Todos los consultados me reiteraron algo que ya había leído en redes sociales. Esta no es la “primera” Feria Regional del Libro del Cibao realizada en Santiago. Hubo dos antes, en 1997 y en 2005. Sobre la de 1997 no encontré ninguna información directa en archivos de publicaciones en la internet, pero si referencias en las noticias publicadas en 2005 por medios de información.

“La segunda Feria Regional del Libro del Cibao es ya una realidad, desde que, en la noche del sábado, bajo una lluvia insistente, fuera inaugurada en el Gran Teatro de esta ciudad”, leo como primer párrafo de una de las notas consultadas, uno que es similar en otras dos encontradas y fechadas en septiembre de 2005.

En otros textos confirmo otro dato, señalado por varias personas que conversaron conmigo ese sábado en Santiago, la primera Feria Regional del Libro del Cibao fue parte de la internacionalización de lo que hasta entonces fue Feria Nacional del Libro en Santo Domingo y fue la primera de otras celebradas en otras provincias, con criterio regional también. La realización de estas ferias regionales se detuvo en el año 2000 para ser retomadas en el 2005.

Del 2005 al 2019 se efectuaron quince ferias regionales, una por año: Santiago de los Caballeros (región Norte/Cibao, 2005), La Romana (región Este, 2006), San Juan de la Maguana (región Sur, 2007), El Seibo (región Este, 2008), Barahona (región Sur, 2009), Puerto Plata (región Norte/Cibao, 2010), Higüey, La Altagracia (región Este, 2011), Baní, Peravia (región Sur, 2012), San Pedro de Macorís (región Este, 2013), Monte Cristi (región Norte/Cibao, 2014), Cotuí, Sánchez Ramírez (región Norte/Cibao, 2015), Hato Mayor (región Este, 2016), Azua (región Sur, 2017), San Cristóbal (región Sur, 2018) y Monte Plata (región Este,2019).

Con un nuevo partido de Gobierno, en 2020, el Ministerio de Cultura, encabezado en ese momento por Carmen Heredia, dio continuidad a las ferias regionales, con celebración de la número 16, en Neiba, Bahoruco, en noviembre de ese año. Se hizo con restricciones aún vigentes por la pandemia del COVID-19. Al año siguiente, la administración de Heredia nuevamente programó la realización de la siguiente feria regional, la 17 y sería en el municipio de Santo Domingo Este, pero esta no se realizó. Fue suspendida con la promesa de que reprogramación en otra fecha. No se volvió a hablar de ferias del libro regionales hasta hace pocos meses, anunciado una primera que no es primera, sino que debió ser la decimo octava.

Pero la continuidad de los proyectos en la administración pública es un bien escaso. Así que casi siempre, se reinventa la rueda.

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Finalmente, no quiero dejar fuera otros señalamientos reiterados por quienes conversé. A diferencia de otras ocasiones, no solo en Santiago sino en otras provincias, el programa de esta feria regional, la número 18 aunque la bauticen de primera, no contó con la coordinación de los gestores culturales de esta provincia.

“Vinieron con su programa hecho desde la capital”, me dijeron con pesar, quienes tuvieron que acomodarse a espacios establecidos sin consulta previa. A esto se sumó, según la afirmación de varios escritores, la realizaron actividades con los salones vacíos, sin público presente.

“Nos leímos entre escritores”, me comentaron. Alguien más me dijo que estuvo como único asistente a una presentación cultura que fue suspendida por falta de público.

El pesar que percibí era vocal y latente, con ese tono de decepción de quienes en el interior del país trabajan por y para la cultura, no solo la literaria, y se vieron marginados en un espacio en que debieron ser protagonistas.

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Santiago siempre es un buen lugar para estar. De manera particular, regresé con bonitos recuerdos de conversaciones alrededor de los libros, de aquello que se hace fuera de la centralidad de Santo Domingo. Es enriquecedor conocer lo que otros y otras construyen con las dificultades conocidas de mantener espacios activos de cultura en las provincias, porque mientras más lejos del centro del poder y las decisiones (léase, recursos y apoyo) más intenso es el trabajo y el esfuerzo.

Ojalá un día se entienda que para hacer posible la creación y el sostén de políticas públicas culturales no se necesita reinventar lo ya hecho.

Las ruedas son ruedas.

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Argénida Romero

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