Especial de Navidad

Cuando la Navidad deja de ser calendario y se convierte en acción

  • Para muchos sectores, comunidades y hogares, la Navidad suele pasar sin cascabeles, luces o el trajín que trae consigo diciembre. Sin embargo, un grupo de ciudadanos han decidido que el sentido de estas fiestas es mostrar el amor en actos de bondad.
En Navidad manos , corazones e intenciones se unen para hacer a otros felices y mostrarles el verdadero sentido de las fiestas.

En Navidad manos, corazones e intenciones se unen para hacer a otros felices y mostrarles el verdadero sentido de las fiestas.Getty Images

En un país donde diciembre suele vivirse entre luces, filas, fiestas y el cansancio acumulado del año, todavía existen personas que han decidido que la Navidad no es un espectáculo, sino un acto de ternura. Que no se trata de cuánto brilla la ciudad, sino de cuánto ilumina una acción concreta.

Y es ahí donde aparecen estos grupos: jóvenes, familias, pastorales y comunidades que llevan alegría, alimentos, juguetes y compañía a quienes pasan las fiestas en silencio. No tienen la infraestructura de una gran organización, ni el presupuesto de una institución… pero tienen algo que pesa más: intención, constancia y un amor que se mueve.

El voluntariado Recolectazo, liderado por Galbert Gutiérrez, nació casi por accidente: de un cumpleaños. Galbert decidió que, en vez de regalos personales, quería reunir artículos de primera necesidad para llevarlos a los niños del Hospital Robert Reid Cabral. “Al recibir tanto apoyo entendí que podía desarrollar esto de forma frecuente”, recuerda.

Durante 12 meses Recolectazo ha logrado impactar la vida de niños, jóvenes y ancianos llevando no solo artículos materiales, sino alegría y un mensaje de amor y esperanza.

Durante 12 meses, Recolectazo ha logrado impactar la vida de niños, jóvenes y ancianos, llevando no solo artículos materiales, sino alegría y un mensaje de amor y esperanza.Cortesía

La respuesta fue tan grande que no solo logró armar 100 kits, sino que convirtió la iniciativa en un compromiso mensual. 12 encuentros después, Recolectazo se ha transformado en un puente entre necesidades materiales y acompañamiento emocional: “Nos gusta llevar un programa divertido y espiritual”, explica Galbert, convencido de que “no todos están dispuestos a desprenderse, pero esto no es religión, esto es amor”.

Entre sus memorias más tiernas está el apoyo de su padre en ese primer voluntariado: “Fue él quien me dijo que había depositado en mi cuenta, aun sin tener dinero. Ese fue su regalo para mí, y falleció poco después”. Allí, en ese encuentro inicial, nació algo que no solo marcó a Galbert, sino a cada persona que ha recibido ayuda desde entonces.

Otra historia que pedalea hacia la esperanza es la del grupo Romjewilcos, coordinado por Jhamelyn López. Lo que empezó como un gesto de agradecimiento hacia Dios, “queríamos darle gracias por las obras que nos había permitido realizar”, terminó convirtiéndose en una red de apoyo que crece cada año.

Estos jóvenes se unen para crear sonrisas y buenos recuerdos en comunidades  vulnerables del país.

Jhamelyn López ha encontrado una forma distinta de agradecer a Dios: sacando sonrisas y creando buenos recuerdos en comunidades vulnerables del país.Cortesía

Lo más curioso es cómo seleccionan las comunidades: “Nuestros chicos observan las zonas cuando andan en bicicleta”, cuenta Jhamelyn. De esos recorridos nacen rutas, familias identificadas y un mapa afectivo que se expande con cada donación.

Los momentos que más los han marcado tienen nombre propio y rostro concreto. Como aquel señor del 2021 que, sin haber desayunado a las 12:00 del mediodía, levantó las manos y dijo: “Gracias papá Dios”. O la pareja de esposos en silla de ruedas en Los Mameyes; o los dos hermanos de La Feliciana que solo recordaban una cosa: “ustedes siempre vienen antes del 24”. Ese hilo invisible entre recuerdo y presencia es lo que sostiene el voluntariado. Y aunque conseguir apoyo empresarial es difícil, Jhamelyn lo resume en una frase: “Hasta una libra de arroz la recibimos con mil amores”.

Mientras tanto, desde 2007, el proyecto Navidad es Jesús, de la Pastoral de la Universidad Católica de Santo Domingo, sigue reuniendo entre 100 y 150 voluntarios cada año para llevar a distintas comunidades no solo juguetes, sino un mensaje más profundo.

Cada año entre 100 y 150 voluntarios de la Pastoral de la Universidad Católica de Santo Domingo,se reunen para llevar un mensaje de alegría y esperanza a diferentes comunidades.

Cada año, entre 100 y 150 voluntarios de la Pastoral de la Universidad Católica de Santo Domingo se reúnen para llevar un mensaje de alegría y esperanza a diferentes comunidades.Cortesía

“Queremos regalarles a los niños un día lleno de alegría y esperanza… que comprendan el verdadero sentido de la Navidad”, expresan sus coordinadores. Seleccionan los lugares con ayuda de sacerdotes y religiosas, quienes hacen un censo real para identificar necesidades. Lo más desafiante es gestionar los recursos. “No es fácil, pero Dios no nos abandona. Siempre, incluso en el último momento, llegan los recursos necesarios y hasta más”.

Para ellos, el momento más emocionante es siempre la entrega de lo recolectado: ver los rostros de los niños, sin filtros y sin reservas. Y su mensaje final es, quizá, el más teológico: “Más allá de los regalos y luces, el verdadero centro es Jesús. Queremos que Cristo nazca en cada corazón y que ese amor se comparta con los más necesitados”.

Finalmente está el proyecto familiar de Alex Moreta, una iniciativa pequeña solo en apariencia. No tienen nombre institucional ni estructura grande, pero han logrado impactar asilos, campos, iglesias y barrios enteros. Para Alex, la motivación es simple: “Hay personas que en Navidad no tienen cena… y niños que en enero no tienen útiles escolares”. Seleccionan las familias mediante alguien que conozca la comunidad desde dentro, alguien que pueda decir quién realmente está en mayor necesidad.

Lo más complicado, admite Alex, es manejar las filas: “A veces alguien quiere recibir dos veces… es difícil, pero buscamos ser justos”. Lo más hermoso, sin embargo, es ver la emoción de quienes reciben algo tan sencillo como un juguete o un cuaderno: “Hemos visto muchas sonrisas y hasta lágrimas de alegría”. No reciben dinero, solo aportes en especie.

La ayuda se difunde por historias de Instagram, estados de WhatsApp y el boca a boca. Su deseo para esta Navidad es un recordatorio urgente: “Que más personas tengan la iniciativa de hacer algo para llevar alimento y alegría”.

Cada una de estas historias es una luz distinta encendida en medio del mismo diciembre. Porque lo que hacen no es llenar un vacío material, sino un espacio mucho más difícil de nombrar: el de sentirse visto, recordado, acompañado.

La Navidad, en estas manos, deja de ser un calendario y se convierte en un gesto.

Quizá el milagro no esté en las grandes obras, sino en estos actos pequeños que, sumados, sostienen lo que a veces se nos cae: la fe en la gente. El señor que levanta las manos para dar gracias sin haber comido. Los niños que esperan cada año «antes del 24». Los voluntarios que insisten aun cuando los recursos llegan tarde. El padre que apoyó un primer sueño antes de despedirse.

Todo eso compone una verdad que no cabe en tarjetas ni en campañas:

la Navidad sucede cuando alguien decide que el otro importa. Sucede cuando el amor deja de ser palabra y se vuelve movimiento. Sucede cuando, aun con cansancio, alguien carga una funda, una muñeca, una ración, una sonrisa.

Y sucede, sobre todo, cuando en medio de un país que a veces olvida demasiado rápido, hay quienes todavía se detienen, miran y dicen: “¡Vamos!”. Ese “¡vamos!” es el verdadero nacimiento que estos proyectos repiten cada año.

Sin pesebre visible, pero con una luz que no se apaga. Porque para muchas familias, la Navidad no llega sola, la traen ellos. A pulso. Con amor que no presume. Con esperanza que no sabe rendirse.

Si deseas apoyar algunas de estas causas puedes buscarlos en sus redes sociales:

• Recolectazo

@recolectazord

• Romjewilcos

@romjewilcos

@melvinvr23

• Navidad es Jesús

@pastoraluniversitariaucsd

• Alex Moreta

@alex_24m