OTEANDO
Extractivismo y desarrollo
Por estos días el debate público de nuestro país se centra en la cuestión de las concesiones de exploración minera en diferentes puntos del territorio nacional. Sobre este respecto, comenzaremos por establecer el criterio distintivo entre concesión de exploración y concesión de explotación: la primera consiste en un permiso para explorar los tipos y la cantidad de yacimientos minerales, metálicos o no metálicos, existentes en el suelo o subsuelo de determinada área geográfica para, sobre la base de esa estimación, el interesado decidir si tramita el permiso de explotación por ante el Estado Dominicano a través de las instituciones establecidas a tales fines y mediante los procedimientos de señala la ley; la segunda, consiste en el permiso que otorga el Estado para la extracción de tales sustancias minerales, metálicas o no, mismo que, en la mayoría de los casos debe ser aprobado por el Congreso Nacional.
Para la concesión de explotación es preciso demostrar, entre otras cosas, cuál será el impacto que tendrá en el medio ambiente la explotación pretendida. La economía basada en la extracción de recursos naturales suele llamarse extractivista. La mayoría de las experiencias dejadas por el extractivismo son letales. Es un sistema mediante el cual, generalmente, los llamados países del Norte Global explotan los yacimientos de los países llamados del Sur Global dejando poco aporte al crecimiento económico, y tanto menos al desarrollo humano de estos. Mi paso por el Estado, hasta la fecha de hoy, me deja con la ligera sospecha de que los beneficios dejados por las empresas mineras que operan en el país no pasan de la contribución por concepto de los impuestos con los que se gravan sus actividades.
El Estado devendría apenas si en un socio aparente en los llamados contratos de concesión de explotación minera. En el caso de Cotuí y la Barrick Gold, todo en mundo recuerda lo que ocurrió. Y todavía es la fecha que el famoso porcentaje que debe entregarse al municipio nunca se ha visto traducido en crecimiento económico ni en desarrollo humano de esa comunidad. Lo propio sucede en Monseñor Nouel con Falconbridge Dominicana. Ahora tenemos los casos de la GoldQuest Mining Corp., en San Juan de la Maguana y tres más en la Cordillera Septentrional que afectarían a Santiago y Puerto Plata, de otorgárseles permisos de explotación. El presidente Abinader debería impedir que ello ocurra, porque está demostrado que el extractivismo no contribuye al desarrollo de los países que lo adoptan, es mayor el peso de las externalidades negativas que el de las positivas.

