Radiografía de una injusticia: caso Lajara Burgos (1954-2019)

Para la redacción de esta obra he investigado documentos, fotografías, registros periodísticos y archivos militares. A partir de 2016, mi indagación se potenció canalizada por mi editor, el excelso intelectual y mejor persona, don Cándido Gerón y con el apoyo del Archivo General de la Nación (AGN). Este libro, además de abrir una ventana para conocer otras facetas de un periodo muy particular de la historia dominicana, tiene como propósito reconstruir la vida de mi padre, el vicealmirante Luis Homero Lajara Burgos con el rigor histórico que merece, presentando no solo su persoalidad y carácter, sino también su papel en el ámbito mayormente militar y en cierta medida político en una época marcada por las complejidades de un sistema autoritario y los desafíos de la posterior transición democrática.

El relato inicia con la génesis de su carrera naval y su formación en la República Dominicana, pasando luego a los Estados Unidos de Norteamérica e Inglaterra y sus respectivos ascensos hasta llegar a la posición de jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra -hoy Armada de República Dominicana-, También se aborda su desempeño como jefe de la Policía Nacional 9 HOMERO LUIS LAJARA SOLÁ con alto grado de disciplina y valores fundamentales, enfrentando los vaivenes de una dictadura. También narro en esta obra con suficientes detalles y el debido soporte documental, como se distorsionó lo que debió haber sido un reconocimiento por el éxito logrado en la Misión Naval a España de 1954, deviniendo en una serie de inequidades que afloraron mayormente como consecuencia de la personalidad de Trujillo.

Un año antes de este épico acontecimiento naval, en agosto de 1953, había sido designado jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra, cargo del que fue destituido en diciembre de 1954. Insólitamente, en ese mismo traumático episodio, también fue degradado del rango de contralmirante (mayor general en esa época) al de capitán de corbeta (mayor). De una manera que bien podría catalogarse como rara, ilógica, o sorpresiva, en 1955 fue designado jefe de la Policía Nacional, y luego, entre 1955 y 1957 fue designado agregado naval en Washington D. C., siendo transferido al Ejército Nacional en 1957, de donde fue cancelado en 1959. Como era de esperarse en un hombre de su temple, desde 1962, mi padre llevó adelante un arduo proceso legal, buscando la restauración de su honor y de su rango militar en la Suprema Corte de Justicia y después en la Procuraduría General de la República. Durante el gobierno del doctor Joaquín Balaguer, en 1976, previo al cumplimiento de rigurosos requisitos, se reconoció la injusticia al restaurarle su rango de contralmirante de dos estrellas. Esta decisión fue revocada en 1981 por motivos alejados de la equidad. En 1984 se le devolvió su grado, pero no sería hasta 1997, tres años después de su fallecimiento, que su viuda mi madre logró obtener el reconocimiento de una pensión acorde al rango y cargo que le correspondía.

A lo largo de esta travesía, defendió con firmeza que las Fuerzas Armadas deben ser instituciones virtuosas, apartidistas y al servicio de la democracia. Su vida y su legado son ejemplos de perseverancia, integridad y amor por la patria, incluso en medio de adversidades y arbitrariedades. Conociendo a cabalidad nuestra particular idiosincrasia, he procurado sustentar cada afirmación con pruebas documentales y testimonios verificables, ya que este libro procura desmentir falsedades y rescatar la memoria de un hombre honorable cuya vida ha sido objeto de tergiversaciones en algunos sectores del imaginario colectivo. Al mismo tiempo, espero que esta obra ofrezca una lección histórica que inspire a las Fuerzas Armadas de hoy a respetar y sostener el poder civil legalmente constituido, así como a fortalecer la dignidad y la deontología militar de manera eterna. Finalmente, dejo en sus manos, distinguidos lectores, el juicio sobre la vida y el legado de Luis Homero Lajara Burgos, recordando las palabras del destacado periodista Alberto Amengual al concluir su programa que se transmitía cada domingo: “Sea usted el jurado”.

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