El complejo de Eróstrato
Por allá, por la era griega, mucho antes de Cristo, en el año 356, según cuenta la historia, existía un pastor llamado Eróstrato, quien tenía la brillante idea de que su nombre se volviera inmortal, por lo que realizó un hecho de vandalismo extremo que tuvo como consecuencia su ejecución. Su acto de infamia consistió en incendiar el famoso Templo de Artemisa, considerada una de las Siete Maravillas del Viejo Mundo.
Aunque al final logró su cometido y hoy es recordado por esa injustificable acción, la reacción a esta extrema afrenta resultó en lo que se denominó damnatio memoriae, consistente en la ordenanza de que su nombre fuera borrado de todo registro histórico, ya que, de no cumplir esta estipulación, podrían ser objeto de la pena de muerte.
En psicología se asocia el nombre de Eróstrato a un complejo basado en la forma en que un individuo busca desesperadamente ser el centro de atención; subrayemos la palabra “desesperadamente”, porque así es como se percibe y se manifiesta, destacando el hecho de que las personas que derivan en este comportamiento, en muchas ocasiones, son consideradas de baja autoestima.
Adaptando este complejo a la realidad del mundo tecnológico en que vivimos, en el que a toda costa el ser humano de hoy busca la notoriedad y aprobación de un grupo de individuos a los que no les importa, vemos cómo la racionalidad sale de paseo por momentos, y en otros casos de manera permanente. Así, podemos observar cada acto de estupidez como algo sorprendente e inimaginable, desde el punto de vista de que, no importa lo ilógico que parezca, es más fácil que se haga y que se imite.
Casos en demasía vemos en la red social TikTok, donde los famosos desafíos son cada vez más peligrosos; muchos de por sí han sido mortales, lo que ha llevado a que las autoridades tomen control y exijan a los padres y tutores mayor supervisión sobre sus hijos, ya que en la sociedad actual hay que aclarar los roles y repetirlo como caligrafía de castigo en el colegio.
Pero no vayamos más lejos: en nuestra isla, en este pedazo de tierra de 48,442 km², hemos sido testigos de la cantidad de personajes surgidos tanto en TikTok como en Instagram, solo por el simple hecho de haberse hecho virales, sin importar la razón de su accionar, la peligrosidad o las consecuencias de este; lo importante es que su nombre corra en las redes y sus cuentas se llenen de cientos y miles de seguidores.
El hecho de que Eróstrato solo buscaba la inmortalidad de su nombre, al parecer, se traspasó en el ADN de una generación a otra, la cual se ha ido desarrollando cada vez más, diseminándose más rápido que el virus de la COVID-19: una pandemia de proporciones inexorables, donde los afectados entienden que es algo normal y que sus síntomas solo son perceptibles desde fuera.
Algo que ni siquiera la mayéutica socrática podría resolver; pero, más allá de la proliferación de estas acciones con el fin de plasmar el nombre en la historia, lo penoso de todo es ver cómo ciertos personajes que lograron posicionamiento y convertirse en una marca, parecería que el éxito, la fama y trascender fronteras es insuficiente para su ego, pues sus complejos los carcomen de tal forma que, sin importar la magnitud de sus logros, insisten en dejar ver sus precariedades mentales.
Eróstrato llegó a cumplir su proeza de incendiar literalmente el Templo de Artemisa; en estos tiempos modernos no hemos visto que algún personaje haya llegado a este nivel de sadismo, al menos no comprobable. En el mundo de hoy, lo que vemos arder son las redes con cierto tipo de contenidos, volviéndolos famosos. Es entonces donde la frase “Stop Making Stupid People Famous” cobra más sentido.
¿Imaginan ustedes que la República Dominicana, junto a todos los países del globo terráqueo, circunscriban un convenio de proporciones internacionales, como el Acuerdo de París o el Protocolo de Montreal, para cuando surjan estos fenómenos de redes o de cualquier otro medio, apliquemos el Acuerdo de Éfeso, donde cada individuo que cumpla con estas acciones reciba automáticamente el damnatio memoriae?
Soñar no cuesta nada. Así como existen barbaridades como las realizadas por Eróstrato y emuladas por la humanidad en sus diferentes contextos, deberíamos viralizar y promover los buenos actos. Quizás hasta copiar la película del año 2000 titulada ‘Pay it Forward’ (Cadena de favores), como forma de contrarrestar todo lo negativo que podemos constatar en este mundo tan complejo, lleno de guerras, conflictos y desestabilidad social y, por ende, económica.
Procuremos eliminar el complejo desde la raíz. Se puede lograr plasmar nuestros nombres en la historia de manera positiva, desde la bondad, la empatía, la generosidad, la acción, la responsabilidad, el decoro, la honestidad y la verdad, porque, como dice la palabra: “La verdad os hará libres”.

