Oye País
Cuando un amigo se va...
Cuando nos llega la edad de ‘adulto mayor’, uno siente, y resiente con frecuencia la pérdida de un amigo, contemporáneo regularmente, o de algún familiar o personas con la que, de una u otra manera, hemos interactuado a lo largo del tiempo, cultivando afectos, empatía, alguna relación que nos acerca.
Tengo 76, cumplidos apenas en marzo, y me siento muy bien de salud, aunque con los ‘achaques’ normales de la edad y una cirugía de ‘corazón abierto’, que este 26 de abril arribará a tres años de aquella primera, y única hasta hoy, visita al quirófano.
Ante estas realidades, cada sábado, desde hace más de tres décadas, comparto asiento en la mesa en la que un grupo de amigos nos reunimos para conversar de cualquier y todos los temas que nos son comunes: política, pelota, la salud, la familia, los amigos, las guerras, el clima y sus turbulencias, en un encuentro en que pretendemos, cada semana, componer o recomponer el mundo.
Esta semana abrió, amén de las tensiones de la guerra y los efectos de las lluvias -granizada incluida-, con la triste noticia del fallecimiento del gran profesional del periodismo, y mejor amigo, Carlos Batista Matos.
Fui su compañero, su jefe y sigo siendo su amigo, una condición que nunca termina.
Quiero, y prefiero, guardar de Carlos los mejores recuerdos, su afabilidad, su positivismo, su particular personaje: ‘el hombre más caro’. Por ello cierro este espacio desde lo profundo de mi corazón, cantando estrofas de la emblemática canción del argentino Alberto Cortez: Cuando un amigo se va/queda un espacio vacío/que no lo puede llenar/la llegada de otro amigo...

