SIN PAÑOS TIBIOS
Se necesitan respuestas
El proceso de fortalecimiento de las capacidades del Estado dominicano en materia de predicción, prevención, respuesta y mitigación ante desafíos climáticos ha sido constante, permanente, sostenido y admirable.
Las fortalezas que, en términos institucionales, organizacionales, operativos, logísticos, recursos humanos, financieros y técnicos que hoy exhibe el COE y los diferentes organismos que lo integran, es relevante y destacable. En ese proceso sostenido de mejoras, han contribuido todos los presidentes, partidos y gobiernos de los últimos 25 años. Verdades sean dichas.
Así las cosas, aunque genera sorpresa volver a ver efectos no anticipados en las lluvias de ayer, –debido al daño humano, material y económico–, dejan preguntas pendientes de respuestas, porque, pese a las cuantiosas inversiones en radares especializados, las capacidades predictivas del Estado no se desplegaron a tiempo. El gobierno debe entender que todos los cuestionamientos son legítimos y que todos surgen no sólo desde el daño inmediato, sino desde el perjuicio histórico acumulado.
¿O acaso es necesario recordar aquellos dos noviembres (2022 y 2023) y su secuela de daños, destrucción y muertes? ¿O acaso debemos recordar que, al término de ambos sucesos, tuvimos todos las mismas preguntas y también obtuvimos en su momento las mismas promesas, aún pendientes de ejecución? (sistemas de drenajes, reforzamiento de infraestructuras viales críticas, etc.).
Quizás, lo único diferente esta vez es que fue en abril, no en noviembre… y eso no es precisamente algo positivo, todo lo contrario. O quizás también, lo diferente esta vez ha sido que, pese a tener más equipos de detección desplegados, nuestra capacidad de pronosticar la ocurrencia de fenómenos se vio reducida.
La comunicación entre las diferentes instancias del gobierno se vio reducida, ya que desde afuera se percibió que la información no fluyó adentro; que los ministros de educación, administración, trabajo, salud, o que la DIGESETT, INTRANT, SNS –etc.– se enteraron de que estábamos en medio de una emergencia, cuando la emergencia ocurría. En defensa de todos ellos, hay que decir que una vez fueron informados sobre la dimensión de la crisis, actuaron correcta y oportunamente.
Se necesitan respuestas a esto. Se necesita saber por qué las instancias estatales reaccionaron en cascada –una detrás de otra–, no al unísono y en bloque (como si no hubiesen estado avisadas y preparadas). Se necesita saber por qué pasadas las 9:oo a.m., el mapa nacional de provincias en alerta aún no estaba actualizado, contribuyendo a la desinformación ciudadana. Porque de todo lo malo, lo peor fue el manejo de la comunicación, que no fue articulada, centralizada, oportuna, masiva e inmediata… y eso es reprochable.
Dentro de lo bueno, la respuesta efectiva de los organismos de socorro; la entrega, consistencia y compromiso de brigadistas, policías y militares; la responsabilidad del presidente de dar la cara y recordar que el gobierno está para enfrentar, pero también para ayudar. Necesitamos muchas explicaciones, sí, pero en esas acciones, también encontramos respuestas.

