SIN PAÑOS TIBIOS
La historia no espera a nadie
Mientras el mundo arde, parecería que el gobierno prefiere tocar la lira, si no, ¿cómo explicar el rezago en la toma de decisiones urgentes y necesarias?, ¿el descalce entre hechos y reacciones? El control de precios de los combustibles es importante, los acuerdos sobre estabilidad de precios –ayer– son necesarios, pero… ¿eso es suficiente?
Mientras el mundo contiene el aliento por la Guerra en Irán; mientras Trump un día dice una cosa y al día siguiente dice otra (y acumula tropas en la zona); mientras Teherán promete que lloverá fuego sobre los soldados estadounidenses; mientras Ormuz está estrangulado y los hutíes amenazan cortar Bab el-Mandeb; mientras el FMI, Banco Mundial, la Agencia Internacional de Energía, y la OCDE lanzan severas advertencias en torno las consecuencias a corto y medio plazo de la guerra, y
las agencias calificadoras de riesgo lo refuerzan; mientras Filipinas, Laos, Tailandia, India, Pakistán, España, Italia, Australia, –etc.– han implementado diversas medidas a nivel de Estado, ya sea para contener, mitigar o compensar los efectos de la crisis; parecería que República Dominicana apuesta a la arritmia histórica o al manto protector de Tatica, para enfrentar los enormes desafíos que tenemos por delante.
Si el gobierno no es responsable de la guerra, el aumento del petróleo y la espiral inflacionaria –que definitivamente no lo es–, ¿por qué esquivar la obligación de ajustar los pantalones de todos, y los propios también?
En tres ocasiones el gobierno evitó la reforma fiscal que el país necesitaba, antes que sacrificar en el altar de la razón de Estado su valoración ciudadana; eligió preservar su popularidad, a exponerse por cuatro o cinco días a comentarios negativos en redes sociales; prefirió diferir hacia un futuro incierto, la toma de decisiones necesarias en el presente.
Si bien los resultados electorales de 2024 validaron la eficiencia de esa estrategia, en la actual circunstancia (externa), todos los marcos mentales, modelos, patrones, manuales o consejos resultan insuficientes, pues han sido ampliamente desbordados.
Toda oposición siempre apuesta a montarse en la ola del momento, así como todo gobierno aspira a que el viento se calme y el oleaje disminuya… sólo que esta vez hablamos de una ola que es capaz de borrar todo, y a todos.
Solazarse en la ilusión de control de la crisis, y apostarlo todo a los sólidos fundamentos de la economía dominicana, nuestra gobernabilidad y paz social, sería confiar en un espejismo que la realidad puede desafiar en cualquier momento; uno que obliga a que el gobierno se declare en emergencia, disponga de un paquete de acciones y medidas amplio; indique con claridad los recursos disponibles; y establezca un plan de austeridad (público y privado), medible, cuantificable, verificable… y creíble.
El mundo está al borde de una crisis inimaginable y el país no escapará a esa realidad, así que vale más prepararse por las buenas para lo peor, que esperar que lo peor llegue un día y nos tumbe la puerta.

