La semana que cada quien elige
Entre tú y yo, cada año llega la llamada Semana Santa cargada de simbolismo.
Un tiempo que, en su esencia, invita al recogimiento, a la reflexión y a la conexión espiritual.
Pero cuando uno observa lo que realmente ocurre en el país durante esos días, la pregunta surge inevitable:
¿es en verdad una Semana Santa… o simplemente una semana más, con otro nombre?
Porque en estos días conviven, al mismo tiempo, realidades muy distintas… y, muchas veces, contradictorias.
Está la Semana Santa de quienes rezan.
De quienes hacen una pausa, asisten a la iglesia, miran hacia dentro y buscan reencontrarse con valores que el ritmo diario suele dejar atrás.
Está también la de quienes viajan.
Familias que se desplazan hacia playas, ríos o montañas en busca de descanso, de compartir y de un respiro necesario frente a las tensiones del día a día.
Pero junto a esas dos, crece otra realidad que cada año se hace más visible.
La de quienes convierten estos días en una extensión del exceso.
Donde el ruido sustituye el silencio… y la imprudencia desplaza el sentido de la fecha.
Y es ahí donde aparece la cuarta cara de esta semana: la más dura… la del dolor.
Porque mientras unos descansan y otros reflexionan, hay familias que comienzan estos días con planes… y los terminan en una sala de emergencias o frente a una pérdida irreparable.
Accidentes de tránsito que se repiten.
Consumo de alcohol que se desborda.
Conflictos que escalan.
Vidas que se pierden.
Entre tú y yo, el problema no es que cada quien viva la Semana Santa a su manera.
Eso forma parte de la libertad individual.
El problema es cuando esa libertad se convierte en irresponsabilidad…
y termina afectando a otros.
Porque entonces deja de ser una elección personal…
y pasa a ser un riesgo colectivo.
Las autoridades pueden prohibir fiestas, desplegar operativos y emitir advertencias.
Pero hay una verdad que no cambia:
ningún control externo sustituye la conciencia individual.
Cada persona decide.
Decide si serán días de reflexión o de exceso.
De descanso o de imprudencia.
De vida… o de consecuencias.
Entre tú y yo, quizás ha llegado el momento de hacernos una pregunta más incómoda, pero más honesta:
¿la Semana Santa es lo que marca el calendario… o lo que reflejan nuestras decisiones?
Porque al final, más allá del nombre, lo que define esta semana no es la tradición… es la conducta.
Y dependiendo de cómo la vivamos, no será el calendario quien la haga santa… seremos nosotros.
joaquinjoga@gmail.com

