enfoque

Globalización natural

Mucho antes de la globalización económica, existía otra de diferente índole. El clima y demás procesos de la naturaleza han tenido por millones de años una repercusión global. No es desde hace poco, por ejemplo, que la temperatura en el Pacífico suroriental afecta el régimen de lluvias y la intensidad de las tormentas en el Atlántico norte. Era así cuando Colón navegó hasta el continente americano, aunque ni él ni nadie más lo sabía. Sólo recientemente se han venido identificando los mecanismos que vinculan procesos en apariencia independientes, y falta bastante por descubrir todavía.

Esa globalización ambiental implica la existencia de “externalidades” económicas previamente desconocidas. En la medida en que actividades humanas incidan sobre procesos naturales que se desarrollan en algunas zonas del planeta, los cuales a su vez tienen consecuencias sobre eventos y situaciones en otras partes del mundo, dichas actividades generan beneficios y costos que recaen sobre esos otros lugares. Según la lógica económica, los responsables de tales actividades deberían compensar a las zonas afectadas por los costos incurridos si las externalidades son perjudiciales, o compartir los beneficios generados en los casos en que las externalidades fuesen favorables. En la práctica, sin embargo, es improbable que suceda así.

Una situación dramática en ese sentido ocurre respecto de los eventos que tienen lugar en el área del río Amazonas. Gran proveedor de oxígeno, moderador de la temperatura, hábitat de numerosas especies animales y vegetales, y regulador de procesos de renovación biológica, su impacto ambiental repercute sobre todo el planeta, incluyendo nuestra región del Caribe. Pero Brasil y los otros países del área no asumirán todos los costos que el resto del mundo soportará debido a la progresiva deforestación de la zona, lo que hace necesaria una respuesta global que reduzca los incentivos económicos a las actividades nocivas.

La globalidad de las consecuencias ambientales pone en discusión el alcance de los derechos nacionales de propiedad sobre los recursos naturales que cada país posee. Ya que su explotación puede afectar negativamente a otros países de diversas formas, si la compensación por el perjuicio es imposible o se decide no llevarla a cabo, surge la necesidad de establecer limitaciones a lo que el país en cuestión puede hacer con ellos. Y en ausencia de un convenio voluntario, puede debatirse la posibilidad de que las naciones afectadas acuerden imponerlas por otras vías.

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