MIRANDO POR EL RETROVISOR
Sorprendidos por lo que debería ser normal
En el vehículo del transporte público, el chofer devolvió a un pasajero un dinero que le había pagado de más por el costo del pasaje. Todos elogiaron al conductor y no faltó la frase: “Todavía queda gente honrada”.
En varias ocasiones, policías y militares han sido reconocidos y hasta ascendidos de rango por devolver dinero encontrado cuando se encontraban en servicio.
También, si un agente de tránsito declina recibir el soborno de un conductor para evitar una multa por alguna infracción y se hace viral, de inmediato la sociedad se vuelca en elogios por su comportamiento apegado a la ética.
En los tres escenarios antes expuestos deberían ser conductas normales, pero la mayoría de la población se sorprende por lo habitual que resulta actualmente observar comportamientos deshonestos a todos los niveles.
Incluso, quienes actúan con honradez y de manera correcta son catalogados como “pendejos”, “pariguayos” y hasta etiquetados como “locos” por desaprovechar “oportunidades” parecidas o de esas que se presentan “solo una vez en la vida”.
Por esa razón, no resulta extraño que la sociedad haya reaccionado sorprendida con el adolescente de 13 años, Hensel Aquino García, debido a sus habilidades para hablar con fluidez y exponer puntuales reflexiones sin miedo escénico.
Hensel se hizo recientemente viral en redes sociales tras dirigirse con mucha seguridad ante el presidente Luis Abinader durante un acto realizado en la escuela Felicia Cuesta Díaz, del municipio Villa Altagracia, donde cursa el segundo de bachillerato.
Su fluida y acertada exposición a los presentes motivó que ahora sea conocido con el sobrenombre de “Pico de Oro”.
A mí de manera particular me causa más frustración que satisfacción ver que un adolescente como Hensel sorprenda a tantos por su elocuencia. Por una razón muy sencilla, el sistema educativo dominicano debería tener miles y miles de niños, niñas y adolescentes como él.
El adolescente Hensel Aquino García llamó a los jóvenes como él a no rendirse y ser persistentes.
Las limitaciones son ostensibles en el sistema educativo dominicano y esa triste realidad incide en la formación deficiente de los alumnos.
Dos ejemplos son más que elocuentes. En febrero de este año, directivos de escuelas y liceos denunciaron las dificultades para impartir la materia Moral, Cívica y Ética Ciudadana, incorporada nueva vez en el currículo escolar, debido a la falta de pizarras digitales Interactivas.
Directores de planteles del Distrito Nacional han planteado que sin pizarras digitales resulta imposible exponer audiovisuales que están incluidos como apoyo en el programa de la asignatura.
Otra queja expuesta desde Santiago, indica que en liceos elevados a la categoría de politécnicos la formación de bachilleres es inadecuada por carencia de equipos, laboratorios incompletos y escasez de docentes especializados.
Dirigentes gremiales alegan que el fortalecimiento de los politécnicos requiere, no solo la asignación de recursos, sino también una planificación que garantice equipamiento actualizado, programas especializados y personal docente suficiente para cada área.
Pero también hay un detalle más lacerante que esas carencias: La falta de oportunidades para acceder al sistema educativo.
El viernes pasado me dirigía a una plaza comercial para una diligencia personal. Al pie de una de las escaleras del puente peatonal ubicado en la intersección de las avenidas John F. Kennedy y Máximo Gómez estaba un adolescente casi de la misma edad de Hensel. Con ropas desgastadas y tatuajes en ambos brazos, ofertaba dulces a los transeúntes.
Pensé, luego de complacerlo con la compra de algunos dulces que preferí dejárselos para que obtuviera más ganancias, por qué a este adolescente se le ha negado la oportunidad de estar en las aulas en lugar de las vías públicas, en una actividad tan inapropiada para su edad.
No debería sorprendernos que vender dulces sea la única opción de este adolescente. Como él hay miles en el país, pero en este caso no deberíamos normalizarlo.
Hensel le dijo a mi colega Maritza Morillo en una entrevista para Listín Diario publicada la semana pasada que anhela culminar su escolaridad y seguir sus estudios superiores en Relaciones Internacionales y Derecho para así aportar al desarrollo de la nación
Exhortó también a los funcionarios a usar el poder que ostentan para ayudar a la sociedad y no para aprovecharse de ella.
Y una reflexión clave fue su llamado a jóvenes como él a no rendirse y ser persistentes, además de confiar en Dios y en los estudios para lograr sus metas, ya que a su juicio la educación es la clave del éxito.
Con el apodo “Pico de Oro”, usado ahora con Hensel, se conoció, debido a su brillante oratoria, al sacerdote, político y educador Fernando Antonio Arturo de Meriño (1833-1906), quien ocupó la presidencia de la República en el período 1880-1882, en los llamados “Gobiernos azules”.
Uno de los sueños de Hensel –confesó en la citada entrevista- es llegar a ser presidente de la República como Meriño, el primer jefe de Estado en portar la banda presidencial dominicana.
Yo espero que si lo logra, en el ejercicio de su mandato Hensel no se sorprenda un día por ver a un niño o niña hablar con elocuencia en su presencia. Que sea algo normal observar a estudiantes dominicanos exponer sus ideas con fluidez y certeza.
Y que como Presidente de la República, Hensel tampoco asuma como normal que un adolescente de su edad venda dulces en las vías públicas, en lugar de estar insertado en el sistema educativo dominicano, con la oportunidad de convertirse en otro “Pico de Oro”.

