QUO VADIS
“Los insaciables”
En 1986, tras la vuelta al poder del presidente Joaquín Balaguer se le presentó un problema con la militancia de su partido: los dirigentes querían todos los cargos de la Administración Pública para ellos y sus familiares, y le reclamaban al jefe de Estado las posiciones de su preferencia.
El presidente Balaguer en su primera rueda de prensa calificó a su militancia reformista de ser, como todas las militancias políticas: “insaciables”.
Hay personas que por su cercanía a un candidato o jefe de Estado entienden que cada uno de los miembros de su familia tiene derecho a asumir un cargo en el Estado. “No se conforman con nada, porque todo debe ser para ellos” refutaba Balaguer cuando le solicitaban todo tipo de prebendas, la mayoría de veces sin la preparación necesaria.
Un buen ejemplo fue un famoso personaje que se envió a Francia como embajador, cuya agenda era ir a deambular por los restaurantes y recepciones: el arquetipo de diplomático tradicional. Quería el cargo, pero no tenía ni proyectos, ni metas. Pero a su vez, exigía designaciones para todo su entorno: el hijo viceministro, la esposa en la Lotería Nacional, el otro hijo consejero en Italia y el suegro en Inespre.
Ese señor nunca pudo aprender a hablar el idioma y utilizaba la consejera para que le sirviera de traductora en todos los lugares e incluso para su manejo doméstico cotidiano, ya que le tenía que buscar hasta la ropa a la lavandería por su incapacidad comunicativa. De consejera de la Embajada pasó a ser la sirvienta del embajador.
Otra situación similar, fue la de una gobernadora provincial que le solicitó que su hija fuera designada viceministra, su hijo embajador en Canadá, su otro hijo consejero en España y su sobrina subadministradora del Banco Agrícola. Balaguer solo la escuchaba y cuando terminó de las peticiones le dijo: “y no quiere algo más”.
Sin embargo, para sorpresas de todos, la hija fue viceministra y cuando se pidió el beneplácito del hijo, los canadienses guardaron silencio en señal de rechazo. Esto motivó que la señora fuera llorando donde el presidente, acusando al funcionario que se encargaba de tramitar los beneplácitos desde el mismo Palacio, sin este tener ninguna culpa de la situación. El presidente Balaguer increpó al viceministro delante de la señora, sin imaginarse que este iba a contestarle airadamente aclarándole cuales eran las gracias que adornaban al individuo y de paso a la señora que tenia de frente. A partir de ahí, aunque lo dejo designado en el puesto, al viceministro se le prohibió la entrada al Palacio Nacional.
Muchos individuos ponen a los gobernantes entre la espalda y la pared, solo para llenar sus egos hidrópicos: cruentos en sus apetencias, desprovistos de limitaciones y avasallantes en sus apetitos: “Los insaciables”.

