ENFOQUE

Historia, memoria y homenajes

“El honor no se delega y la verdad no se archiva”.

—Vicealmirante Luis Homero Lajara Burgos—

La Biblioteca de Alejandría fue destruida y con ello se perdió gran parte de la historia y del conocimiento antiguos. Su desaparición representa una de las mayores pérdidas intelectuales del pasado. Bajo el dominio romano, el lugar sufrió el abandono y las nuevas generaciones perdieron la oportunidad de ilustrarse. Ello nos lleva a pensar en la fragilidad de nuestra memoria.

En las instituciones militares, los homenajes deberían ser actos de memoria colectiva, más que de protagonismo individual. La Armada de República Dominicana debería generar su propia “Biblioteca de Alejandría” para atesorar su pasado.

Por eso, cuando en 2021 se aprobó en el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas, y antes en el Estado Mayor de la Armada, la creación de “La Plaza de los Almirantes”, iniciando con un busto del vicealmirante Luis Homero Lajara Burgos—mi honorable progenitor— en principio lo asumí como un gesto institucional que trascendía cualquier interés personal.

El proceso subsiguiente en el ámbito de la Armada hizo notar que aún no era el momento para ese homenaje. Era una oportunidad para reflexionar sobre cómo y por qué se reconoce a quienes sirvieron con honor a la institución del ancla y el arganeo.

Mi progenitor se dedicó al servicio público en el mar con disciplina y compromiso. Su trayectoria militar, aunque documentada, no es tan conocida como debería.

Luis Homero Lajara Burgos se dedicó al servicio público en el mar con disciplina y compromiso.

Luis Homero Lajara Burgos se dedicó al servicio público en el mar con disciplina y compromiso.EXTERNA

Ello revela una deuda pendiente: integrar con efectividad los acontecimientos del pasado dentro de la formación cotidiana de las nuevas generaciones de militares. En tiempos de inteligencia artificial y teléfonos celulares en abundancia, las bibliotecas tienden a ser digitales, pero si se las combina con elementos “palpables”, se podrá asegurar la llama del conocimiento para el futuro.

Se ha comprobado que muchos miembros de la Armada, incluso de alto rango, conocen poco sobre los aportes institucionales de mi padre. Ello permite constatar cómo la vida dentro del cuartel navega a gran velocidad y los principales hechos y referentes del pasado se van diluyendo con el inexorable paso del tiempo.

En consecuencia, resulta prudente esperar con respeto los procesos en curso con la confianza en que la historia se abre paso a través de la noche por más oscura que esta sea.

Algún día un joven oficial, en una biblioteca digital o en una base de datos institucional, encontrará los documentos y registros de aquella carrera naval.

Verá méritos y desafíos superados, decisiones difíciles y contextos complejos. Esa mirada, fruto del pensamiento crítico, otorga un reconocimiento más profundo que cualquier ceremonia.

Confío que será una invitación a reflexionar sobre la continuidad institucional y la trascendencia de servir con integridad en tiempos difíciles. En esa medida, el homenaje deja de ser personal y pasa a ser colectivo.

Mientras tanto, la responsabilidad es seguir investigando y escribiendo para que el relato naval esté más acabado, disponible y contextualizado.

Los libros y ensayos son la manera de aportar a esa memoria para nutrir conciencias y fortalecer la identidad para que la Armada sea siempre “una profesión honorable”.

Si los militares actúan con ética, carácter, respeto a la ley y sentido de servicio porque conocen ejemplos anteriores, entonces la memoria habrá cumplido su misión.

En este mes de diciembre se conmemora la botadura a la mar de la vida y también de la partida en la barca de Caronte del vicealmirante Luis Homero Lajara Burgos, efeméride propicia para resaltar los símbolos con la búsqueda de la excelencia y el sentido de grandeza.

Ese es el verdadero homenaje: la continuidad de un compromiso institucional que trascienda generaciones.

Feliz fin de año y que el 2026 nos reciba con un convoy de salud y optimismo, junto a nuestros seres queridos, con buen viento y mejor rumbo.

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