SIN PAÑOS TIBIOS
SENASA y la monjita
La Palabra refiere que, en Getsemaní, a horas de su pasión y muerte, Jesús dijo al Padre “aparta de mí este cáliz”; que sintió miedo; y que no dudó en cumplir la voluntad divina, porque era lo correcto. Cruzado el perihelio de sus ocho años de gobierno, Luis Abinader apura con los ojos cerrados un trago bien amargo.
Ya el 03 de septiembre advertíamos (“Tormenta a la vista) “la probabilidad de que al gobierno le explote un lío […] en una institución vinculada al sector salud”, a sabiendas que desde julio corrían rumores sobre los manejos de SENASA. Tanto, que el 07 de julio el presidente Abinader afirmó que “nunca le faltará cobertura a SENASA […] mientras yo sea presidente”; afirmación bien recibida y que, a la fecha, se mantiene.
De septiembre hasta el sábado, todo fue un lento rodar hasta “La Carcelita”. Con las instrucciones dadas por Abinader al superintendente de SISARIL y al (nuevo) director ejecutivo de SENASA el 13 de septiembre, para que llevaran a la magistrada procuradora General Yeni Berenice Reynoso “un informe que contiene graves hallazgos e irregularidades” detectadas en SENASA, la suerte quedó echada.
La afirmación presidencial del día siguiente –“Yo tengo muchos amigos, pero no cómplices”–, ratificaba el mensaje: el gobierno no sólo no defendería a quienes se vieran involucrados en presuntos actos de corrupción, sino que sería un ente activo y colaborativo en el proceso.
Desde hace semanas se esperaba lo de este fin de semana. Que se hablara de una supuesta gracia otorgada a un imputado por asuntos familiares o que se rumoraran acuerdos o chivatajes, es parte del morbo inherente a estos casos, a los cuales –lamentablemente– el Ministerio Público (MP) nos tiene acostumbrados.
“Pan y Circo”, reza el adagio latino. Pero el circo bueno (#OJO), el que excita a la plebe, no se hace con monos, ratas o papagayos, sino con leones, tigres o animales de fauna mayor.
Por eso, a pesar de la buena fe que inspira el accionar del MP, la igualdad subyacente en los procesos penales que buscan un resarcimiento social, queda cuestionada desde el primer acto; cuando dos presuntos implicados (entre ellos, el ex titular de la institución investigada) se apersonan a la procuraduría un sábado –a requerimiento– y luego, quedan (cortésmente) detenidos; a diferencia de los otros presuntos vinculados que no tuvieron tanta suerte y tan buen trato… y que –au countraire– fueron allanados en sus casas con nocturnidad y aparatosidad policial.
¿Por qué a unos de una forma y a otros de otra? Quizás, sin el MP buscarlo, su manejo diferenciado –ab initio– cuestiona el tratamiento igualitario que se espera, y, peor aún, alimenta innecesariamente las teorías de interferencia entre poderes –que no existe–, máxime cuando la procuradora ha demostrado ser independiente y el presidente ha ordenado la constitución en actor civil de SENASA en el proceso, demostrando no tener cómplices.

