MIRANDO POR EL RETROVISOR

Stephora: No apostar al olvido

Con el caso de Stephora Anne-Mircie Joseph, la niña de 11 años que falleció ahogada en una piscina el pasado 14 de noviembre, durante una excursión del colegio donde estudiaba, se ha ido creando el escenario perfecto para apostar al olvido.

Es el patrón idéntico aplicado en casos similares, especialmente cuando están involucradas personas con arraigo o influencias. Desde que se conoció la lamentable tragedia esa ha sido la intención, comenzando por el ministerio público de Santiago, displicente al momento de recibirles tan solo la querella a familiares de la niña.

A eso se sumó el silencio y la falta de empatía con la familia de los propietarios del Colegio Da Vinci, donde Stephora estudiaba y era alumna meritoria, razón por la que fue premiada con la excursión a una villa privada donde ocurrió el deceso.

El escenario perfecto que he citado se debe a algunos signos que apuntan a la intención de jugar al olvido. Primero está la espera de los resultados de una autopsia que podría tardar 90 días. Es un estudio vital para despejar gran parte de las interrogantes sobre el deceso de la niña y lo ideal sería que se entregue con la prioridad que amerita el caso.

No nos sorprendamos si el próximo paso sea nombrar una “comisión” para rendir un informe del suceso, el recurso al que se ha apelado en el pasado con casos similares cuando la intención es que queden sepultados para siempre. Les recordaré tan solo dos ejemplos: el último incendio en la cárcel La Victoria, el 18 de marzo del año pasado, y la explosión ocurrida en la fábrica Vidal Plast de la provincia San Cristóbal, la tarde del 14 de agosto de 2023. Todavía esperamos los resultados de las investigaciones realizadas por “comisiones” designadas para esclarecer ambos sucesos, tan lacerantes como el de la discoteca Jet Set.

La niña Stephora Anne-Mircie Joseph, de 11 años, era una estudiante meritoria.

La niña Stephora Anne-Mircie Joseph, de 11 años, era una estudiante meritoria.ARCHIVO/LD

Otro detalle: el colegio envuelto en el escándalo decidió adelantar el cierre de la docencia por las festividades de Navidad y fin de año. El centro educativo anunció que las clases serán retomadas en enero y alega que la decisión fue adoptada en consenso con la Asociación de Padres del Colegio Da Vinci (Apadavi) por “razones de tranquilidad de las familias”. No creo que ese descanso navideño anticipado contribuya a la tranquilidad de los padres de Stephora.

De aquí a enero, con la población metida en las fiestas y bebentinas propias de esta época de año, quizás se piense que después de este período tan alienante y, al volver a la “normalidad”, a pocos les interese ya la muerte de una niña de ascendencia haitiana, sin importar las circunstancias en que ocurrió.

Otro punto a tomar en cuenta estamos acostumbrados a observarlo con frecuencia quienes trabajamos en medios de comunicación. Es la socorrida frase de que “un tema mata otro”.

En un país como el nuestro, donde las tragedias como la que actualmente entristece a la familia de Stephora son el pan nuestro de cada día, y ahora con el recurso de iniciar una “operación judicial”, quizás con el nombre de otro animal marino, no se puede dudar que al cambiar el foco de la atención, termine quedando en un velo de misterio este hecho tan doloroso.

Todos sabemos que los propios gobiernos apuestan frecuentemente al “pan y circo” para embobar a la población respecto a los problemas que realmente debieran preocuparle. Y si “influencers” aportan su granito de arena compartiendo en “casas” como las de Alofoke y Luinny, mejor todavía para distraer.

La muerte de Stephora no debe quedar como otros dolorosos sucesos que se recuerdan con notas de medios de comunicación en cada aniversario. Sí, para recordarnos que la gran mayoría han quedado en la impunidad.

La credibilidad de la justicia está en juego con este caso que ya incluso trasciende al Estado dominicano. El viernes pasado, el Consejo Presidencial de Haití reclamó a las autoridades dominicanas, a través de un comunicado en su página oficial, implementar todas las medidas que sean necesarias para esclarecer la muerte de la preadolescente.

Como apunté en un artículo anterior, la muerte de Stephora no puede quedar como otra más que estremece en el momento y luego se echa en el saco del olvido. En el ámbito judicial se requiere una respuesta que satisfaga y brinde tranquilidad a los padres y a la sociedad, tan indignada en esta oportunidad como cuando ocurrió la tragedia en Jet Set, aunque se trate de una sola víctima.

El odioso “bullying” (acoso escolar) ha sido históricamente ignorado por las autoridades educativas.

El odioso “bullying” (acoso escolar) ha sido históricamente ignorado por las autoridades educativas.ARCHIVO/LD

Pero también por los detalles colaterales que envuelve y ameritan ser tomados cuenta, como la fiscalización rigurosa de las actividades extracurriculares en colegios y escuelas, la seguridad en los planteles y el odioso “bullying” (acoso escolar) tan históricamente ignorado por las autoridades educativas.

Si en esta oportunidad se trató de un acoso escolar con tintes racistas, la situación es mucho más delicada. Y aquí los padres y madres, quienes “sueltan a sus hijos en banda”, pero después son muy diligentes para responsabilizar a los educadores por inconductas de sus vástagos, deben jugar un papel estelar.

Hay que tener mucho cuidado incluso con las expresiones que utilizan padres y madres en los hogares, porque a veces están cargadas del racismo que terminan replicando sus hijos e hijas con sus compañeros de clases y amiguitos del entorno comunitario.

A los padres corresponde, además, estar vigilantes con los mensajes que les transmiten a sus vástagos “amigos virtuales”, a quienes terminan convirtiendo en sus consejeros y hasta confidentes, sustituyendo a los progenitores en ese rol.

Los Juicios de Nuremberg (1945-1949) contra dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen Nazi de Adolf Hitler en Alemania, sentaron las bases para establecer principios de responsabilidad individual por crímenes de guerra y contra la humanidad, así como para gran parte del derecho penal internacional.

Elaborar un actualizado, completo y abarcador “Manual Stephora de Convivencia Estudiantil” sería un permanente recordatorio para el país de que estamos en la obligación de prevenir hechos como el de esta niña meritoria.

Y en caso de que ocurran, jamás tolerarlos ni mucho menos dejarlos en el olvido y la impunidad, sin las debidas consecuencias ejemplares y disuasorias.