Enfoques
Las Pruebas Nacionales. ¿Para qué?
Las Pruebas Nacionales exigidas para obtener el título de bachiller, fueron adoptadas como una de las recomendaciones del Plan Decenal realizado en 1992 en la gestión de la secretaria de educación Jacqueline Malagón.
El Plan Decenal fue un evento en el cual participó toda la comunidad educativa, desde los técnicos de la Secretaría de Educación hasta las Direcciones de Distritos Educativos, con la participación de especialistas educativos y de otras áreas del conocimiento que se integraron al mismo con entusiasmo y dedicación.
Los objetivos de las Pruebas Nacionales eran elevar la calidad de la educación, de manera que los egresados dominaran contenidos fundamentales y competencias cognitivas y afectivas que les permitieran continuar estudios en el nivel superior para formarse como profesionales capaces de incorporarse a la sociedad, como entes productivos y sociales. Ahora bien, ¿es esto lo que ha ocurrido? No, cada año lamentablemente presenciamos que los objetivos de las pruebas no se han logrado, que los egresados del bachillerato ingresan al nivel superior sin las competencias requeridas para cursar carreras de manera exitosa y graduarse como profesionales con la calidad requerida en el área seleccionada. Esta situación les crea diferentes problemas a los estudiantes universitarios, como son: cambio continuo de carreras y de instituciones, deserción, falta de motivación, y graduarse en muchos casos como profesionales mediocres.
Los resultados de las Pruebas Nacionales han sido negativos desde los primeros años de su aplicación, pongo como ejemplo que, en mi gestión como secretaria de Educación, los resultados obtenidos en matemáticas eran de un 47% de lo requerido, y por muchos años este porcentaje se mantiene. Se han realizado diferentes diagnósticos e introducidos mejoras para obtener mejores resultados, y la situación de los aprendizajes de los estudiantes ha disminuido en vez de fortalecerse.
El caso más evidente lo constituye la investigación realizada recientemente por el Dr. Radhamés Mejía, director del Centro de Investigación y Desarrollo Humano de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. En este científico estudio, basado en datos reales, se evidenció que los resultados relativos a la primera convocatoria de Pruebas Nacionales del 2025 presentan una brecha sustantiva entre las notas reportadas por los profesores y los puntajes obtenidos en las Pruebas Nacionales. En una escala de 0 a 100 se observa un promedio de 86 – 88 puntos en las calificaciones reportadas por los docentes y un promedio de 57 puntos obtenidos en las Pruebas Nacionales.
Analizando las diferentes causas que inciden en esta problemática, me referiré a lo siguiente: el porcentaje asignado en la evaluación continua es de 70% y el de las Pruebas Nacionales o sumativa es de 30%.
La evaluación continua es la que los profesores van evaluando de manera sistemática a través de diferentes modalidades: participación en clases, cumplimiento de tareas y pruebas cortas, entre otras. La evaluación sumativa es la que se realiza de manera terminal a través de exámenes parciales y finales. La evaluación continua es la más importante porque permite dar seguimiento a los estudiantes y ayudarles a tiempo a superar las deficiencias. Penosamente en la realidad, la mayoría de los profesores no aplican la evaluación continua con la rigurosidad requerida y como consecuencia el 70% asignado a los estudiantes la hacen de manera complaciente, lo cual tiene como consecuencia que el estudiante alcance alta puntuación en este sector y baja puntuación en las pruebas. De ahí que el estudiante se promueve y obtiene el titulo de bachiller con deficiente formación.
Si se mantiene esta situación, continuaremos obteniendo los mismos resultados: graduados de bachillerato con bajo aprendizaje. Ahora bien, ¿qué debemos hacer? Algunos sectores plantean suprimir las Pruebas Nacionales como requisito de graduación y otros proponen introducir modificaciones. Considero que debemos hacer un intento de mejora y entre estas, planteo que la proporción sea 50% a 50% en vez de 70% a 30%. Dar seguimiento a esta medida durante dos años y si no se obtienen mejores resultados, suprimir las Pruebas Nacionales y diseñar otras estrategias que permitan fortalecer los aprendizajes de los estudiantes.
El MINERD tiene la obligación de enfrentar esta problemática, pues de lo contrario, el sistema educativo continuará entregando a la sociedad egresados del sistema sin las competencias requeridas para su formación futura y su inserción exitosa en la sociedad.

