Enfoque
Una atención sin rostro humano
Humanización de la salud, es decir empezar a poner el rostro humano que amerita la atención médica, fue un término que empezamos a escuchar los periodistas especializados en comunicación en salud desde hace más de 25 años en el país.
En República Dominicana esta discusión inició a visibilizarse a finales de la década de los años 90 y se consolidó a inicio del 2000 con la aprobación de las leyes de Salud (42-01) y Seguridad Social (87-01).
Incluso, en 1999, la doctora Altagracia Guzmán Marcelino, exministra de Salud Pública, puso a circular su libro Políticas Públicas en Salud, donde dedica un capítulo completo a la Humanización de la Salud. Con el paso del tiempo el tema se fue poniendo de moda y se convirtió en un término de manejo común en el sector sanitario.
Poco avance
Pero, me apena saber, que, al parecer, muy poco se ha estado enseñando de “humanización en salud” a las nuevas generaciones de médicos, ni desde la academia donde se forman, ni en la práctica que reciben en los hospitales docentes.
Esto lo digo, porque hasta mí han llegado denuncias que “asustan”, provenientes tanto de personal de salud que hace rotaciones por hospitales, como de instituciones que trabajan a favor de pacientes vulnerables que padecen diferentes condiciones médicas, sobre todo de salud mental, así como de médicos de larga data de ejercicio, que observan el fenómeno con preocupación.
Narraciones de falta de empatía con el paciente entre médicos residentes de primer, segundo y tercer año, aupados por médicos ayudantes (MA) que están a cargo de su supervisión, e incluso, mostrarse indiferentes ante un paciente en estado moribundo, me aseguran que se da con frecuencia en el área de emergencia del hospital traumatológico Darío Contreras, para sólo citar un centro.
Mientras esto ocurre, ni las gerencias hospitalarias, ni las escuelas de medicinas que avalan los programas de formación, se dan por enteradas, debido a la muy escasa supervisión que se da.
Mientras en los servicios destinados a la salud mental, que sabemos que son escasos a nivel público, y muy caros en el privado, también se dan condiciones deshumanizantes.
Un ejemplo de ello son las condiciones paupérrimas de la estructura física de un pabellón que funciona en el hospital de Rehabilitación Psicosocial Padre Billini, donde se encuentran ingresados pacientes de mediana y larga estadía, marcado por deterioro y filtraciones que arropan todo el techo y sus pareces.
Quise citar esos dos ejemplos específicos, de los que últimamente me han llegado quejas, pero entre médicos de larga data de ejercicio profesional la preocupación es común. Señalan que cada vez se pierde más la humanización de los profesionales y técnicos de la salud a todos los niveles: público, privado, patronato, ONG, entre otras.
Frente a estos pacientes, retomaré el lema que desde hace varios años acuña la Pastoral de la Salud, que dirige sor Trinidad Ayala, que clama por humanizar la salud mental en todos los ámbitos: desde la familia, desde los costos de los medicamentos, hasta la inclusión en la cobertura de la seguridad social.
También, hago mención de lo que dijo el pediatra cardiólogo Joaquín Mendoza Estrada durante el reciente acto de homenaje al doctor Julio Amado Castaños Guzmán: “La consulta médica no significa sólo el deseo de acabar con la dolencia orgánica, sino también el calmar el dolor escondido. El enfermo se entrega confiadamente al médico, por lo que atenderlo de forma fría, distante, o con un trato que refleja falta de interés, es sencillamente dejarlo al desamparo”.
Para terminar, solo voy a recordar que, sobre la humanización de la atención médica, la Organización Mundial de la Salud (OMS), enfatiza que la misma está vinculada a la importancia de centrar la atención en la persona, lo que implica considerar al paciente en su totalidad, incluyendo sus dimensiones físicas, emocionales, sociales y espirituales, además de sus necesidades clínicas.

