SIN PAÑOS TIBIOS
Lo mucho hasta Dios lo ve
En junio, la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (SISARIL) presentó al Consejo Nacional de la Seguridad Social (CNSS) una propuesta de “per cápita diferenciado por riesgo” que, al ser explicada por su titular, Dr. Miguel Ceara Hatton, sorprende no el fin último que procura la norma propuesta ─la corrección de una distorsión de mercado─ sino que a la fecha no exista.
Durante más de 20 años el sistema de salud y riesgos laborales ha operado bajo una inequidad que raya en la perversión, cuyos efectos colaterales reducen el derecho universal a la salud de los dominicanos. Por eso, la propuesta de la SISARIL debe ser conocida (y aprobada) por el CNSS en su totalidad, no sólo por justicia o equidad, sino para garantizar la sostenibilidad misma del sistema.
La propuesta de la SISARIL no contempla un aumento de la cápita vigente (RD1,1683.22), sino más bien una redistribución cuantitativa sobre la base de un tratamiento diferenciado por grupos etarios y sexo. En efecto, no hace falta leer ningún estudio ni preguntarle a ChatGPT para afirmar que los gastos de salud entre infantes, adolescentes, adultos o envejecientes, difieren notablemente entre sí… por razones obvias.
Pues resulta que esa obviedad nunca ha sido tomada en cuenta por el sistema, de tal suerte que las ARS cuya mayoría de afiliados se corresponden con un perfil alto de riesgo (jubilados, envejecientes, personas con morbilidades, etc.) incurrirán en mayores gastos que aquellas ARS cuyos afiliados sean jóvenes de 20-25; con la diferencia de que, al contar ambas con la misma cápita, los costos de las primeras serán mayores que los de las segundas, y, por tanto, los beneficios serán en esa misma medida.
Es decir, las ARS que discriminan y se enfocan en un público de bajo riesgo (por no hablar de las estrategias concertadas con gerentes de RRHH inescrupulosos) obtienen mayores beneficios, no por mejores servicios, sino porque sus afiliados se enferman (y gastan) menos.
Cuando se analizan los grandes números, en palabras del economista Henri Hebrard “un afiliado mayor de 65 años le cuesta 3 veces más al sistema que el afiliado promedio, mientras, al contrario, un joven entre 6 y 14 años ni supera el 40% del costo de un afilado promedio”.
Con una cápita fija (¡No ajustada por inflación en los últimos dos años!) y una población cerrada, el juego es de suma cero. Ganan más los que menos riesgos enfrentan, no sobre la base de promoción de la salud o estrategias preventivas, sino en función de distorsiones inducidas que deben ser corregidas; y pierden los que más riesgos asumen, los que más servicios brindan. Entre ellas, SENASA (¡el propio Estado!) y las ARS privadas más grandes.
De aprobar la propuesta de cápita diferenciada presentada por la SISARIL, el CNSS corregiría una inequidad estructural e histórica del sistema de salud y riesgos laborales en el país. Y por justicia, debe hacerlo.

