Desde mi pluma
Los patrimonios se protegen
La reserva arqueológica Cuevas del Pomier se ubica al norte de San Cristóbal, específicamente en El Pomier, la comunidad donde nací, crecí y donde aún vive mi abuelo de 94 años. Es un lugar lleno de historia y de recuerdos, algunos hermosos y otros no tanto, como el sacrificio de toda una comunidad en su lucha por preservar este complejo cavernario.
Durante décadas, la actividad minera en la zona ha devastado no sólo nuestros recursos naturales, sino también la calidad de vida de quienes allí residen. La contaminación ha sido tan intensa que nos privó del aire limpio que alguna vez respiramos. El polvo lo cubría todo, al punto de hacer imposible sentarse en las galerías de nuestras propias casas. Y ni hablar del peligro que representa compartir una carretera estrecha y empinada con camiones y patanas cargadas de material extraído.
Podría escribir varias páginas explicando por qué, en mi opinión, los empleos generados por estas empresas (que son muchos) no compensan, ni de lejos, el daño que han causado.
Por eso, me llena de esperanza y alegría ver que, por fin, después de años de promesas incumplidas y desavenencias, el Gobierno ha decidido poner un alto ordenando la detención inmediata de la minería en la zona núcleo y de amortiguamiento del monumento natural.
La decisión de detener la minería en la zona y de cuidar fervientemente las Cuevas del Pomier es un paso histórico. Porque el medioambiente y nuestros patrimonios arqueológicos son tan importantes como cualquier actividad económica, y hay momentos en los que se debe trazar una línea y decir: hasta aquí. Ojalá esta no sea solo una acción aislada, sino el inicio de una verdadera política de preservación de nuestro patrimonio.

