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Empezó Haina a Moler

Irene, mi madre

Hoy celebramos el día de las madres dominicanas, felicitaciones a todas. Como madre, desde la distancia, lo que más deseo en esta vida es un abrazo de la mujer que me parió, la que ha fomentado y demostrado que la familia es lo primero, que el resto es secundario.

Eso sí, como una auténtica Abreu que es, la he visto en plena faena como esas gallinas defendiendo a sus crías, a sus cuatro hijas, sus seis nietas y un nieto. La verdad que es admirable con la pasión que ejerce la maternidad, ya que para ella es innegociable algo que atente contra la unidad familiar.

Aunque no siempre coincido con sus criterios, reconozco que repito patrones de forma inconsciente. No creo que exista una persona tan influenciable en nuestras vidas como es una madre.

Si tengo que definir a mi madre con una palabra, sería amor. Siempre recuerdo en un momento que estuve delicada de salud, que ella no era capaz de verme, no por miedo, más bien por resistencia y por tener la firme convicción de mantener la fe y que sin duda todo saldría bien, y al final así fue, salió todo bien, a Dios las gracias.

Entiendo sus reproches, sus estructuras mentales, culturales, ahora más que nunca que soy madre. Solo así se puede entender y aceptar aquellas cosas que eran en su momento inexplicables. Cuando nos toca ser madres, todo cambia, se ven las cosas desde otra perspectiva, se entienden de forma automática.

Ella hace honor a esa palabra, al amor incondicional, como el significado de su nombre que significa: "la que trae paz".

Siempre te he necesitado, y ahora más que nunca anhelo que me rodees de esa paz que siempre me diste y me das, y que es capaz de trasformar y traspasar fronteras.

Te amo, gracias madre, gracias a la vida por ser tu hija.