FE Y ACONTECER

“Ven Espíritu Santo”

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Cardenal Nicolás De Jesús López RodríguezSanto Domingo

Solemnidad de Pentecostés - 15 de mayo 2016 - Ciclo C

a) Del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11.

San Lucas nos describe la escena en que el Espíritu Santo aparece ya en acción por medio del grupo apostólico en el día de Pentecostés. El contraste entre la situación antes y después de la efusión de dones del Espíritu Santo es muy fuerte. Antes: miedo, tristeza, puertas cerradas, duda, angustia, silencio y clandestinidad (Jn. 20, 9). Después: valor, alegría, apertura, comunicación, paz, fe, seguridad y proclamación profética en plena calle.

Una vez bautizados con el Espíritu Santo, es visible en los Apóstoles la fuerza y el dinamismo de lo alto. Con el bautismo del Espíritu los discípulos comprendieron todo lo que Jesús les había enseñado. Captaron plenamente el misterio de Jesús de Nazaret con quien habían convivido durante tres años sin darse cuenta que era y es el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Señor glorioso y la esperanza de la humanidad.

Ahora necesitan comunicar a los demás aquel trascendental descubrimiento. Además era el mandato explícito de Jesús. Y así, por la fuerza del Espíritu aquellos pobres galileos se transformaron en Apóstoles y Testigos (mártires) de la Buena Noticia de Cristo Salvador por todos los confines del mundo conocido entonces.

b) De la primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12, 3-13.

Comienza San Pablo diciendo a los corintios que quiere que tengan sobre este punto ideas claras. Después de aludir a su anterior estado en el paganismo, les advierte de la radical diferencia en que sobre ese particular se encuentran ahora, una vez hechos cristianos. Él instaura una norma clara para discernir las manifestaciones carismáticas, y esa norma es la confesión de la soberanía de Jesucristo. Si, pues, en alguna de sus asambleas aparece un presunto carismático y grita “anatema sea Jesús,” ése no es movido por el Espíritu de Dios y, por tanto, no tiene verdadero carisma, aunque acompañe sus afirmaciones de fenómenos extraordinarios; al contrario, si grita “Jesús es el Señor,” ése habla en el Espíritu Santo. Proclamada esa regla de carácter general, prosigue el Apóstol ahondando en la naturaleza de los carismas. Ya antes dio a entender que los carismas tienen todos su origen en el Espíritu Santo; ahora va a recalcar y explicar más esa verdad, que es la base de todo, y a la que no estaban acostumbrados los paganos, para quienes cada divinidad concedía sus carismas especiales.

Es cierto que el Apóstol no habla sólo del Espíritu, sino también de Jesucristo, a quien atribuye los “ministerios”, y del Padre, a quien atribuye las “operaciones”. Sin embargo, podemos ver que a todos los carismas los llama “manifestaciones del Espíritu,” y los atribuye expresamente al Espíritu. Y es que Padre, Hijo y Espíritu Santo constituyen un solo Dios, con un único principio de acción, que es la naturaleza divina. Los carismas, pues, proceden en realidad de las tres divinas personas, pero son atribuidos de modo particular al Espíritu Santo, que es espíritu de amor y de santificación.

La diversidad de carismas auténticos en los miembros de la comunidad no se contrapone a la unidad de la misma porque los diversos dones y ministerios coinciden en su origen y finalidad. Su origen es el Espíritu de Dios, en el que todos hemos sido bautizados para constituir un solo cuerpo y su finalidad es edificar la comunidad, es para la unidad y la complementariedad. Las diversas vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio y a la familia, lo demuestran suficientemente.

c) Del Evangelio de San Juan 20, 19-23.

“Estaban reunidos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Estaban paralizados por el temor. Les faltaba la presencia de Jesús y el don del Espíritu que Él les infundió con su visita.

Hoy en muchos cristianos hay una actitud parecida, miedo y apocamiento rondan hoy también a la Iglesia. Se tiene miedo y no somos testigos porque no creemos en la fuerza del Espíritu para anunciar hoy la Resurrección de Jesús como la esperanza de la humanidad, como verdad que vence la injusticia, como vida que supera la muerte y la opresión, como amor y fraternidad que derrotan al odio y a la violencia.

En la medida en que se ausenta el Espíritu disminuye la fe y la esperanza en Jesús y crece el fantasma del miedo en la Iglesia. El testimonio de los Apóstoles es lección perenne en la comunidad eclesial, a partir de Pentecostés fueron hombres radicalmente nuevos y pudieron predicar con valor y autenticidad.

La moderna programación del hombre para la producción y el consumo, crea una tiranía asfixiante para el espíritu y para la realización de la persona. Hay millones de seres humanos cuya única aspiración es sobrevivir y reproducirse, se sienten profundamente insatisfechos de su vida sin sentido e incapaces de llenar su inmensa capacidad de felicidad. Les faltan razones para vivir, trabajar y amar a los demás, les falta la proyección hacia la trascendencia que supera todas sus limitaciones.

La secuencia “Ven Espíritu divino” de hoy, resume esta situación: “Mira el vacío del hombre, si tu le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento”.

Es difícil hablar hoy del Espíritu Santo porque Éste y todo lo espiritual se define por oposición a lo material, lo corpóreo, lo exterior. Ante la palabra “espíritu” surge una resistencia que brota de ciertos prejuicios, ideológicos, emocionales y vivenciales. Sin embargo, la religión cristiana es religión del espíritu. Es la fe en Jesús, en que prima el valor del espíritu.

El cristianismo cree que el hombre, desde la creación y según el Génesis, es el centro y la cima de la creación, “imagen y semejanza de Dios”, pero precisamente por esto, su molde es Dios.

Fuente: Luis Alfonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra

http://www.mercaba.org/Biblia/Comentada/Corintios_1.htm

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