Ni derecha ni izquierda

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Fray Junípero CasablancaSanto Domingo

He leído con mucho interés el extraordinario análisis que ha hecho nuestra ilustre Lic. Ivelisse Prats de Pérez sobre la semántica, la defi nición, y la comparación de lo que es la política de izquierda y la de la derecha a propósito de nuestros partidos políticos. La verdad es que su defi nición de lo que es un político de derecha al cual describe como aquellos que anteponen su propio benefi cio a los del resto de la sociedad, a los que entienden que solamente las medidas económicas que les ayudan a mejorar su condición económica son buenas, y los que usan frases como “siempre habrán pobres en el mundo” o “las mujeres solamente saben del hogar” son rasgos que defi nen a los simpatizantes con la derecha. Las decisiones de los partidos de derecha son tomadas por un grupo de la oligarquía que se ocupa de mantener las riquezas dentro de sus fi las. Así mismo Doña Ivelisse define a los políticos de izquierda como aquellos que entienden que el bien común se debe anteponer al de las minorías más ricas y que la justicia social, la educación, y la salud pública son derechos inalienables que le corresponden a la sociedad en general. Le puedo agregar a su análisis aquí abreviado, que los gobiernos de izquierda entienden que la economía se debe controlar directamente por el estado a través de altos impuestos y controles directos de las inversiones por gobiernos centralizados. Los de derecha por el contrario entienden que el estado debe interferir lo menos posible con el movimiento de los capitales y que los impuestos deben ser lo más bajos posibles para que el comportamiento del libre mercado pueda determinar el futuro de las inversiones. Cuando pensé en la realidad política de nuestra República Dominicana, me percaté de que no soy ni de izquierda ni de derecha, pero entiendo que soy de un pensamiento liberal y no conservador. También me percaté de que las antiguas definiciones de nuestra izquierda revolucionaria con el odio encarnecido contra los Yanquis del Norte y la oligarquía capitalista caracterizada por burgueses de alta alcurnia tan atacada por el Profesor Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, ya dejaron de ser los temas principales de la izquierda. Y esto tiene que ser así porque son los dos partidos de izquierda que ellos fundaron los que actualmente dominan el panorama político de la República Dominicana. Ya no hay una diferencia filosófica entre estos dos partidos aunque existe una gran diferencia de estilo gerencial, activismo proselitista, y de organización interna de sus seguidores. Todavía se puede decir que el Partido Reformista mantiene una línea conservadora que reclama la moral, la ética, y denuncia la corrupción y el abandono de los pobres como sus principales bases filosóficas como entidad política. La fusión de la izquierda y la derecha en nuestro país es tan grande que ya todos los partidos respaldan la Iglesia, todos están a favor de un sistema de seguridad social, y todos concuerdan en que se debe luchar por una mejor educación y sistema de jurisprudencia que nos ayude a terminar con la delincuencia y el narcotráfico. Los líderes de partidos de izquierda han amasado grandes fortunas personales y así también han favorecido a sus seguidores de manera tal que poco pueden criticar al anillo de influencia y el “boa” que decía el Dr. Balaguer que era necesario alimentar. Los nuevos millonarios que han generado estos partidos de izquierda a través de sus influencias políticas y contratos otorgados “dedocráticamente,” simplemente desvirtúan los principios de anteponer el bien común a los intereses personales que tanto predicaban los fundadores originales de estos partidos de izquierda. Simplemente, la política dominicana se ha convertido en la creación de un vestido de novia que cubre y disfraza a los verdaderos intereses que persiguen los líderes de estos partidos que pretenden seducir y conquistar el voto de las mayorías cual novia enamorada que se perfuma, se maquilla, y se cubre la cara con un velo que esconde los colmillos, las entrañas, y las uñas de una estirpe que quisiera seguir desangrando las arcas del estado para obtener el fruto de estos ejercicios nupciales que se limita a alcanzar el poder con fines pecuniarios. Por eso es que la atención de estos partidos se concentra en purgar a sus filas de aquellos que les pudieran restar votos o dañar su imagen de partido. La imagen a presentarse tiene que ser hermosa, sensual, y conquistadora preferiblemente de izquierda. Una izquierda engañosa que dice que quiere el bien para los pobres, quitarle los bienes a los ricos, regalar salud, regalar educación, eliminar las injusticias y acabar con las lacras. Pero como bien he observado, y por eso me tildo de liberal, esos izquierdistas son solamente pantallas que están en busca hambrientamente del lucro personal. Por eso le agradezco a Doña Ivelisse haber desenterrado las raíces originales que vieron nacer el hermoso árbol de la democracia en nuestro país. Pero a la vez tenemos que reconocer que hace falta mucha sinceridad en el discurso político de nuestros dirigentes políticos. Afortunadamente, el tiempo desenmascara a los farsantes y nuestro pueblo sabe distinguir a los que le hablan con la verdad en los labios de aquellos que se quieren hacer pasar por ovejas cuando realmente son lobos temibles de la clase política que simplemente buscan aumentar aún más sus riquezas.

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