Janet Camilo y Magali Febles

Desde lo “feo” y la relatividad de la belleza

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  • Por supuesto, las redes sociales hicieron la función para la que fueron creadas: esparcir como pólvora la intervención de Camilo y generar una lluvia de comentarios.
Celeste Pérez.

Celeste Pérez.Víctor Ramírez/LD

Hace algunos años tuve el privilegio de conversar con Janet Camilo, en aquel entonces ministra de la Mujer, para un contenido generado para Listín Diario. Amablemente me recibió en su hogar, y ese día descubrí a una mujer profundamente leal a su formación y valores, cultivada y comprometida con la causa femenina. Una voz editada con sensibilidad y perspectiva… y tengo que confesar que guardo en mi memoria muchos detalles de aquel encuentro especial. Su perfil público se construye sobre la defensa firme de los derechos humanos, el empoderamiento femenino y la igualdad de género.

Por ello, me deja confusa y entristecida su comentario respecto al concurso Miss República Dominicana Universo 2025, en el que calificó a las candidatas como “feas”, una expresión que, sin duda, desafía el respeto y la empatía que esperamos entre mujeres.

Desde la psicología evolutiva hasta la filosofía contemporánea, “lo feo” y “lo bello” dependen del enfoque. No son categorías absolutas. La percepción de belleza varía notablemente según el contexto cultural y social. De hecho, desde la filosofía, autores como Naomi Wolf critican la construcción social de estándares irreales de belleza, usados históricamente para presionar y coartar a las mujeres. La belleza es multifacética, y sobre todo, subjetiva.

Por supuesto, las redes sociales hicieron la función para la que fueron creadas: esparcir como pólvora la intervención de Camilo y generar una lluvia de comentarios. Unos en favor, otros en contra. Lo cierto es que, en una competencia como Miss República Dominicana Universo, muchas aptitudes como la inteligencia emocional, presencia escénica, preparación, carisma, son tan decisivas como la apariencia. Si sólo juzgamos el aspecto estético, omitimos el resto del talento que cada candidata despliega esa noche.

Cuando una mujer, especialmente alguien con semblanzas públicas y trayectoria como ex ministra, descalifica de esa forma, rompe con la solidaridad que tanto reclamamos. Esa entrevista fue una oportunidad desaprovechada para destacar que apoyar a otras mujeres es vital.

De Camilo, quien me había impactado por su preparación y su visión, esperaría un mensaje más alentador. Sus palabras sobre Magali Febles y las candidatas del certamen resultaron contrarias con la mujer reflexiva y comprometida que conocí.

¿Qué resulta tan molesto en este comentario?

El desdén entre mujeres, en especial cuando proviene de una persona que previamente mostró una fuerte sensibilidad hacia las desigualdades y la dignidad femenina. Que una mujer denigre a otra en público aleja el avance hacia la sororidad y el respeto mutuo que tanto necesitamos.

Todos lo sabemos, los concursos de belleza están mediados por criterios subjetivos, culturalmente variables y temporalmente cambiantes. Pero reducir los méritos de una persona —o un grupo— a la belleza física es ignorar la diversidad, el carisma y el valor intrínseco de cada mujer. Cada una de esas candidatas tuvo que derribar miedos y barreras para ir tras su sueño de niña. Solo ellas saben todo lo que tuvieron que enfrentar, quizá temas de peso, de autoestima, económicos...  

Usted me disculpa señora Camilo, pero pienso que como ex ministra y defensora de la mujer, su voz debe construir, no herir. El impacto de esas palabras va más allá de una crítica personal y refuerza estereotipos dañinos que generan un mensaje contrario al empoderamiento femenino. Cada mujer, en su esencia única, es hermosa. Dios nos hizo maravillosamente diversas. Cuando una mujer con trayectoria deja que un comentario liviano eclipse su espíritu solidario, el daño nos alcanza a todas. El liderazgo femenino se mide no solo en acciones políticas, sino también en el respeto que profesamos a otras mujeres.

Ojalá que este incidente sirva para reforzar el llamado al cuidado del lenguaje y el fortalecimiento de la sororidad. Ojalá reflexionemos sobre el poder que tiene nuestra voz, y la usemos para sumar...

¡Hasta el lunes!

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