DE CERCA
Un final también es un principio
En las historias del cine, televisión y literatura, siempre me han gustado los finales abiertos. Esos que son planificados por el autor para que se conviertan en un estímulo para imaginar cómo continuará la historia. Esos finales que te dejan entender que la producción no ha terminado del todo...
Una pareja que, amándose, no puede estar junta, y se despide sin perder la esperanza de un recuentro. Un soldado valiente que se va a la guerra, pero deja tras sus pasos un ‘volveré. El villano que, aplastado por el superhéroe, aún sigue respirando y amenaza con regresar, o simplemente, una historia que termina con una frase contundente en la pantalla que dice: “continuará”, dejando claro que será escrito un capítulo más, que el momento solo cierra una etapa para poder iniciar otra. Adoro esos finales que te ayudan a comprender que un final también puede ser un principio.
Hoy lunes, es el último día del 2018. Una vez más, el límite del tiempo impuesto por los hombres cierra un lapso. Para muchos, ha sido un buen año, y es el principio de nuevos retos cargados de esperanza; para otros, un año triste y doloroso, y cuentan los minutos para que termine.
Hace unos días un amigo compartió un comentario en su cuenta de Facebook donde sostenía que “el 2018 era el año de las despedidas”. Perdió a su madre y a otros amigos. Otra amiga, sin embargo, también en su cuenta de Facebook, compartió un escrito dando las gracias por todo lo que había recibido en el 2018. Estaba feliz, compró un apartamento, se había casado y esperaba su primer hijo.
¡Así es la vida de caprichosa! Finales tristes o felices, finales que ni siquiera se pueden definir, pero finales al fin y al cabo, y cada uno, aunque nos cueste creerlo, es también un principio.
Esta noche, cuando el reloj marque las doce, cada uno de nosotros colocará un punto final a este año. Llegó la hora de despedir 365 días que Dios nos regaló y cada quien utilizó libremente. Llegó el día en que debemos decidir qué guardar en la memoria y corazón, de retener los momentos que nos hicieron felices y embarcarnos a nuevas aventuras.
Hoy, llegó el instante de darnos el permiso para empezar, para perdonar y perdonarnos, para ser flexibles por lo que no pudimos lograr, para entender que no tenemos el control absoluto de las circunstancias y para proponernos ser mejores seres humanos. Esta noche tendremos la oportunidad de abrirnos a lo nuevo y dejar atrás todo lo que nos hizo daño, llevándonos tan solo el aprendizaje de cada situación. “Nuestra vida está llena de ciclos que comienzan y terminan. De manera que viviremos numerosos principios y finales. Algunos en primera persona, serán etapas de nuestra propia vida; otros, en cambio, los viviremos a través de las historias de otras personas. De manera que habrá que encontrar ese rumbo y empezar a recorrerlo. No te desilusiones si, posiblemente, habrá que arrancar solo y sorprenderse al encontrar, más adelante en el camino, a todos los que seguramente van en la misma dirección”, reflexiona el psicólogo Jorge Bucay en su libro El Camino del Encuentro. Y es que, en cualquier contexto que involucre sentimientos, siempre será difícil aceptar que la vida es cíclica, y que cada etapa tiene su momento. Todo comienza y acaba, incluso la vida.
‘Rendirse no es una opción’, es una de las premisas que más he recordado en este 2018. Aprendí que hay personas que se van de tu vida simplemente porque deben irse. Que cada día es una oportunidad para un nuevo comienzo en cualquier ámbito, y que, como dice el psicólogo Albert Ureña, “No todos los finales son felices. Pero sí todos los finales son nuevos principios con nuevas oportunidades para ser feliz”.
A todos mis apreciados lectores, les deseo que este fin de año sea el principio de muchas bendiciones. Pido a Dios para que las cosas que nos hacen felices sean eternas...
¡Hasta el lunes!

