Fábulas en alta voz
Lágrimas y dolor protagonizaron el último adiós a Grimaldy
La noticia de que falleció el 12 del pasado mes de marzo, estremeció a todos los que la conocimos, más sabiendo que entró al hospital por sus propios pies.
Marta Quéliz, editora L2
En lo que tengo de vida, nunca había visto a un hombre llorar tanto a su esposa. “¡Ay, mi amor, caramba. No puedo creer que te me fuiste, que me dejaste solo después de 40 años juntos...!”.
Ese era el lamento que repetía una y otra vez José Luis en la triste despedida a su amada Grimaldy. No había palabras de consuelo que mermaran el sufrimiento que, a través de su llanto desesperado mostraba el padre de Luisanna, Griselle y Jóse.
Ese mismo dolor podía verse y sentirse hasta en las cuatro paredes de la capilla donde se velaban los restos de esta mujer que, sin lugar a equivocarme, nunca dejó de sonreír y de hacer el bien.
Dolor en silencio
Si en los oídos retumban todavía los gritos del esposo, en la memoria es imposible borrar el rostro entristecido de Melba y Joan, madre y hermano de Grimaldy.
Con un mes justo llorando por su partida, aun le quedaban lágrimas para derramar, pero en la calma, un dolor inmenso se dibujaba en su cara. Era mejor que siguieran llorando. No había forma de mantenerse sereno viendo la pena hecha gente. Su aflicción no podía ignorarse.
Salir del solemne salón, era la mejor alternativa, aunque la memoria no ayudaba. Se necesita ser bien indolente para contener el llanto ante tan desgarradora escena.
Todo un mes de incertidumbre
El duelo es fuerte cuando perdemos a alguien, y no cualquier alguien. Me refiero a una mujer que fue ejemplo de buena madre, excelente esposa, una hija de esas que dan paz, una hermana alcahueta, una tía cariñosa, una nuera y cuñada de esas que todo lo entregan, y en fin, un ser humano de los que están en extinción en lo que a bondad, humildad y honestidad se refiere.
La noticia de que falleció el 12 del pasado mes de marzo, estremeció a todos los que la conocimos, más sabiendo que entró al hospital por sus propios pies.
Su deceso se produjo en Estados Unidos, donde residía desde hace un buen tiempo. La explicación a su muerte no la tienen sus familiares, lo que sí tienen claro es que el dolor de perderla les toca hasta el alma.
Buscando un consuelo fabuloso
Acompañar a esta familia era inminente. Es muy allegada a la nuestra. Nos hemos puesto en los zapatos de todos ellos, en especial en los de Melba, una madre que, con la pérdida de su Grimaldy, sé que tendrá un antes y un después en su vida.
Por este dolor tan profundo, quise llevarla aunque fuera por un momento, a una ciudad fabulosa para buscarle algo de consuelo.
Sé que ese lugar debe tener la fórmula para despedir a nuestros seres queridos de una forma menos traumática, más natural, y sobre todo, con la certeza de que nos volveremos a vernos.
En la realidad lo sabemos, pero la ausencia castiga y duele más allá de la comprensión que tengamos sobre la muerte. Hasta siempre querida Grimaldy. Descansa en paz.

