Fábulas en alta voz

Consecuencias detrás del “porque me lo merezco”

Una amiga muy querida me comentó recientemente que la está pasando muy mal porque su negocio quebró y, con ello perdió su apartamento y le quitaron su vehículo de lujo porque no podía pagar el financiamiento.

Marta Quéliz, editora L2

Marta Quéliz, editora L2

Con frecuencia escuchamos a algunas personas justificar sus consumos, deudas y excesos con frases como: “Porque me lo merezco”, “me di un gusto”, “para eso trabajo”… Todas estas expresiones son válidas, por supuesto que sí. 

Lo cuestionable de este tipo de “escudo” se da cuando pasa de usarse de forma puntual a ser el centro de cada compra. De hecho, conozco casos de personas que atento a estas muletillas han caído en un hoyo económico del que no se recuperan fácilmente.

Testimonio de espanto

Una amiga muy querida me comentó recientemente que la está pasando muy mal porque su negocio quebró y, con ello perdió su apartamento y le quitaron su vehículo de lujo porque no podía pagar el financiamiento.

 “Para que tengas una idea, volví para donde mi mamá y ella me está manteniendo. Estoy tratando de emprender de nuevo, pero se me ha hecho difícil”. Me dio permiso para citar su caso porque entiende que otros pueden evitar llegar hasta donde ella está.

 Cada día creía que se merecía más y más. Cambiaba de carro constantemente. Entendía que así como iba progresando en sus ventas, debía llevar una vida de lujo y de abundancia. Carteras, zapatos y ropa de marcas costosas; casa en un sector privilegiado, viajes, comidas “finas” en restaurantes, y andar muy bien “montada” eran parte de la vida de esta mujer que hoy se lamenta del “porque me lo merezco”.

Pagos de impuestos y descuido

Estas dos poderosas razones acabaron con el negocio de quien entendía que se lo merecía todo. “Fui dándole tanta importancia a darme mis gustos, que cuando vine a caer en cuenta, había quebrado a tal punto que, se me hizo difícil levantarme. Mis deudas superaron las ganancias. Mi esfuerzo, ya cuando todo estaba en el piso, no fue suficiente, y el pago de los impuestos se sumaba a las pérdidas. El derroche en el que incurrí, no sólo me dejó en la quiebra, sino también, sumida en una gran depresión, y ahora irónicamente, no puedo ni pagar un psicólogo. Mi mamá me está ayudando”. Como el de ella, de seguro hay muchos otros casos por el “me lo merezco” sin control.

Una experiencia fabulosa

Para ayudar a esta amiga a botar el golpe ante la estocada que ha recibido por dejarse llevar por el “para eso trabajo”, la llevé a una ciudad fabulosa donde desde la niñez a los niños y a las niñas se les orienta sobre la importancia de ser merecedores de respeto, de admiración, de empatía y de muchas otras virtudes que se ganan con valores, principios y esfuerzos. 

Con esta enseñanza, de adultos, son capaces de trabajar para tener una vida digna, pero sin excesos, sin “romper ojos”, sin competir con otros, sin contraer deudas, sin querer encajar… Por completo, dejan de lado el “porque me lo merezco”, pues saben que éste sólo aplica si se hace con el debido control. El viaje la ayudó a prepararse para su segunda oportunidad.