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Hacia Puerto Rico por vía marítima desde el muelle Don Diego
Frente a la fortaleza Ozama, en la avenida del Puerto sale el ferry a Puerto Rico.
Salón para chequeo documentos del ferry.
“No piense en crucero”, dice Matilde Fabián cuando le comento que me voy en ferry a Puerto Rico. Es que para que no me cuenten quiero experimentar el viaje en el ferry del cual muchas personas me han hablado.
Lo que olvidaba, al decidirlo, es que soy de movilidad reducida y aunque voy con mi nieta Mariale, hay situaciones complicadas que se pueden presentar. “¿Quiere silla de ruedas?”, pregunta un empleado a la entrada del edificio en el muelle Don Diego, al verme apoyada de un bastón. “No, gracias”, respondo.
Una funcionaria de Migración que está a nuestra vera interviene de inmediato: “Diga que sí. Es mucho lo que hay que caminar”. Miro su rostro amable y le hago caso. Fue la mejor idea.
Me traen la silla de ruedas y realizamos los primeros trámites: llenar formulario de la compañía naviera. A seguidas, nos dirigimos hacia Migración. “¡Mira qué linda!”, digo a Mariale cuando veo la reproducción de una casita típica de fachada azul con un techo formado de flores y, debajo, el nombre de República Dominicana.
Casita típica reproducida en área de Migración
Luego de pasar los chequeos de Migración y Aduana nos trasladan (a Mariale y a mí) en un carrito de golf. Un pasajero que hace fila para subir a bordo vocea riendo “¡Yo quiero ir en uno!” Mariale responde chispeante: “¡Te faltan 40 años!”.
Para subirme en ascensor en silla de ruedas el punto de partida es el área de carga. Hacia allá vamos contemplando el trajín de los camiones. En el ascensor justo cabemos Mariale, el empleado del ferry que nos lleva y yo, amén de una maleta, un carry on y una mochila. Una nueva experiencia en un viaje.
Importancia de la disciplina
Nuestra cabina, de buen tamaño, está en el séptimo nivel. Tiene cama doble y una cama individual. Algo digno de resaltar: la limpieza. En el baño no hay ni un solo punto negro. Todo está super limpio, tanto en el camarote como en el resto del barco.
Mi problema es que para ir y venir debo usar escaleras. El ascensor no es accesible para los pasajeros, salvo que se solicite en un momento específico.
La noche fue tranquila. Tomé una pastilla contra el mareo, no asistimos a los shows y después de las 6 de la mañana a través del ojo de buey (ventana) del camarote vimos la costa de San Juan con su hermoso Capitolio de frente.
Restaurante
Volcán de vegetales
Para cenar fuimos al restaurante a la carta. Pido Crema de vegetales y Volcán de vegetales (espiral de vegetales a la plancha aromatizadas con balsámico). Mariale ordena Pechuga a la Cordon bleu con puré de papa. No había. Le ofrecieron Pechuga a la plancha con salsa bechamel. Todo de buen sabor.

