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Avances tecnológicos: el marketing estratégico que define esta década
Hoy día, esta área dejó de ser una función táctica para convertirse en una disciplina profundamente estratégica. Es importante formar profesionales integrales: estratégicos, innovadores y creativos, pero también éticos y conscientes de su impacto.
El análisis por sí solo, no cambia industrias. La verdadera ventaja competitiva ocurre cuando la rigurosidad se encuentra con la creatividad.
Hace unas semanas, mientras revisaba un reporte de tendencias globales, me encontré con un término que suena gracioso, pero que resume perfectamente el momento que vive nuestra industria: treatonomics.
La tendencia, nacida en TikTok, analiza cómo las personas justifican pequeñas recompensas en su cotidianidad, desde una bebida de moda con café de camino al trabajo hasta un accesorio “innecesario pero merecido” (porque puedo y me lo merezco), y cómo ese comportamiento impulsa decisiones de compra que antes parecían casuales.
Detrás del concepto hay algo mucho más profundo: vivimos en un mercado donde cada microemoción se traduce en datos, y cada dato, en una oportunidad estratégica.
Por eso, hoy día, el marketing dejó de ser una función táctica para convertirse en una disciplina profundamente estratégica. Las marcas ya no crecen con ideas ingeniosas ni con campañas aisladas: crecen cuando entienden por qué la gente compra, qué la mueve, qué la preocupa y qué la conecta emocionalmente con una propuesta de valor. Y ese entendimiento exige algo que, como industria, ya no es negociable: pensamiento analítico.
El mercadólogo debe dominar la lectura de datos con la misma fluidez con la que antes consideraba y aprobaba un concepto creativo. Hoy interpretamos dashboards, modelos predictivos, embudos automatizados, patrones de consumo multigeneracional y pruebas A/B como parte de lo habitual.
No se trata de ser científicos de datos, sino de comprender que la intuición, sin evidencia, es simplemente un riesgo. El pensamiento analítico permite ver patrones donde otros ven ruido, entender comportamientos que parecen incoherentes y anticipar oportunidades que las marcas aún no reconocen.
Sin embargo, el análisis, por sí solo, no cambia industrias. La verdadera ventaja competitiva ocurre cuando la rigurosidad se encuentra con la creatividad. Cuando los datos revelan un insight y la creatividad lo transforma en un mensaje poderoso, en una experiencia memorable o en una solución que realmente agrega valor.
Ahí es donde el marketing logra resultados sostenibles. Lo vemos cada día: las campañas más efectivas son las que combinan precisión y emoción, lógica y narrativa, números y empatía.
Accionar con propósito
La Universidad Iberoamericana, Unibe, ha entendido que esta convergencia es indispensable. Por eso su Escuela de Mercadeo forma profesionales integrales: estratégicos, innovadores y creativos, pero también éticos y conscientes de su impacto. Esta formación combina pensamiento crítico, dominio digital, analítica aplicada, creatividad estratégica y experiencias reales que retan a los estudiantes a diseñar, ejecutar y medir.
La escuela cuenta con laboratorios de aprendizaje experiencial, como el congreso internacional Mercadexpo, proyectos con empresas y prácticas supervisadas donde los estudiantes aprenden haciendo, enfrentando desafíos reales del mercado. Y, sobre todo, se cultiva un sello que distingue a la institución: egresados capaces de conectar la data con la emoción, la estrategia con la innovación y el talento con la responsabilidad social.
Al final, el mercadólogo que el país y el mundo necesitan, no es sólo alguien que “sepa vender”, sino alguien que sepa pensar, que ejecute con propósito. Que entienda tendencias locales y globales, que lidere con visión, con evidencia y con sensibilidad humana; que reconozca cuáles decisiones mueven una marca… y cuáles transforman una sociedad.
El momento que vivimos nos exige formar profesionales capaces de liderar desde la estrategia, con mirada global, pero con raíces claras. Mercadólogos preparados para un futuro donde la creatividad sigue siendo magia, pero una magia que, más que nunca, se ilumina con datos.
Sobre la autora
Erika Valenzuela Oliver es publicista, mercadóloga, docente y directora de la Escuela de Mercadeo de Unibe.

