historias de la vida
Lidia Lucía López: sospechaba que tenía cáncer, pero un viaje a Disney de su niño la hizo callar
Cuando regresaron, fue al médico para saber de qué se trataba la bolita que se había descubierto en uno de sus senos, precisamente, cuando estaba participando en una campaña de concienciación sobre este tema. En efecto, el diagnóstico era el que creía. No había marcha atrás. Se sometió a un largo proceso, pero hoy está libre de ese mal.
Lidia Lucía López
Ser madre es mucho más que dar a luz, cuidar y proteger a una criatura. Es sacrificar hasta el dolor más grande para prestar atención al anhelo más ínfimo que tenga un hijo.
Si alguien tiene duda, que le pregunte a Lidia Lucía López Rosario, una mujer que, estando casi segura de que tenía cáncer de seno, calló para no estropearle a su niño un soñado viaje a Disney.
“La enfermedad llegó a mi vida de una manera inesperada. Me habían invitado a participar en una campaña de concienciación sobre el cáncer de mama, para hablar sobre la importancia del autoexamen. Y pocos días después, me lo hice y sentí la bolita que iba a cambiar mi vida para siempre. En ese momento decidí callarlo, porque tenía planeado un viaje a Disney con mi hijo. No quería arruinarle esa ilusión, quería darle unas navidades mágicas”. Las vacaciones de ensueño habían terminado, pero comenzaba para ella una gran batalla.
Al regresar, ya no había marcha atrás. “Tenía que enfrentarme a estudios, biopsias, diagnósticos y todo lo que implica este tipo de procesos”. Los resultados llegaron. El doctor fue claro con Lidia Lucía. “Sí, tienes cáncer de mama”. Esta noticia la dejó en ‘shock’.
“Recuerdo que esa noche llegué a casa, cerré mi cuarto y caí al piso, llorando con las entrañas, sintiéndome fracasada, desdichada, preguntándole a Dios por qué a mí. Era como si todo el dolor acumulado de mi vida se resumiera en ese momento”. Su miedo no se fundamentaba sólo en tener que enfrentarse a ese “monstruo”, sino en la experiencia que ya había vivido con su madre, quien falleció por culpa del cáncer.
Eligió la victoria
¿Cómo lo tomó y cómo enfrentó la enfermedad? Fue una pregunta que se le hizo a la dueña de este relato. “Al principio lo tomé con miedo, con rabia. Pero también sentí la presencia de Dios en mi vida de una manera que nunca había experimentado. Fue como si Él me recordara que yo tenía todas las herramientas para pelear esa batalla”. Su niño, aunque pequeño, fue el sostén más grande que tuvo ella en todo el proceso.
Lidia Lucía López junto a su hijo
Esa fuerza divina que sintió en cada célula de su ser, la hizo entender que si quería la victoria, tenía que ir a la guerra. “Y así lo hice. Me vestía para cada quimioterapia como si fuera al campo de batalla, no para sumarlas, sino para restarlas: una menos, un paso más hacia adelante”. Se sentía confiada.
Eso sí, la protagonista de esta historia, no sólo descubrió la presencia de Dios en su vida. También conoció a quiénes verdaderamente estaban para ella. “Algunos se alejaron, incluso personas de sangre. Pero mi madrina, mis amigas, mi mejor amiga, mi iglesia, mi equipo de trabajo y hasta personas desconocidas se convirtieron en mis verdaderos pilares. Sentí que mi madre estaba conmigo a través de ellos, que su legado me seguía protegiendo”. Esto la conmovía, pero no la hacía desmayar en su lucha por ganar la “guerra”.
Lidia Lucía López enfrentó las quimioterapias con optimismo
La cirugía se imponía y los recursos se agotaban
Este fue otro capítulo duro, porque tenía que enfrentar una doble mastectomía con reconstrucción inmediata. “No tenía los recursos, estaba dispuesta a entregar lo último que me quedaba, pero Dios volvió a mostrarme su fidelidad: de repente, todo estaba cubierto, gracias al amor y apoyo de amigos y seres queridos”. Hoy, cuando se mira al espejo, ve a otra mujer.
“Observo a una mujer que sigue cometiendo errores, pero que ya no carga la misma ira. Una que sabe pedir perdón, que ama, que respeta, que tiene fe. Una mujer que aprendió que vivir no es sólo respirar, comer o caminar: vivir es amar la creación de Dios en uno mismo, es respetar los propios tiempos y talentos, y es servir a los demás”. Entendió que el cáncer no llegó para matarla, sino para transformarla.
Lidia Lucía López
Cuando terminó su proceso de quimio y, en el año 2023 le confirmaron que estaba libre de cáncer, esta mujer entendió que la batalla que libró no fue contra la enfermedad, sino contra sus propios miedos. “Fue la oportunidad de descubrir la superheroína que soy, con la fortaleza de mi madre y la independencia de mi padre”. Pero más que todo, con la gracia de Dios.
“Con fe, disciplina y amor se pueden superar las pruebas más duras”
Lidia Lucía López Rosario, abogada y comunicadora de profesión, ha aprendido mucho de la experiencia vivida. “He aprendido a vivir el presente, a valorar lo simple y a no dar por sentado a las personas que amo. El cáncer me mostró que dentro de mí había una fuerza que desconocía, y que con fe, disciplina y amor se pueden superar las pruebas más duras. Pero sobre todo, me llevó a tener una relación mucho más íntima con Dios”. Él fue su refugio en medio de la enfermedad.
Desde entonces le ha mostrado con claridad Su propósito en su vida. “Hoy sé que no pasé por esto en vano: fue un proceso de transformación y de renacer que me impulsó a vivir con mayor gratitud, fe y sentido”. Esta experiencia le enseñó que la vida es un regalo y que nada está garantizado.
Haber pasado por un proceso de cáncer, le ha enseñado a la protagonista de esta historia, que la mujer es más fuerte de lo que imagina, que no importa cuán difícil sea la prueba, tiene la capacidad de levantarse y seguir adelante. Las invita a cuidarse, a escucharse, a hacerse chequeos médicos y, sobre todo, a creer en ellas mismas.
“Y algo muy importante: nunca pierdan la fe. En mi camino descubrí que cuando ponemos nuestra confianza en Dios, Él nos sostiene, nos da fuerzas y nos revela nuestro propósito, incluso en medio del dolor. La adversidad no tiene la última palabra; con fe, esperanza y determinación, siempre podemos florecer y descubrir nuestra mejor versión”. Con este tipo de tema es que llega a la gente a través de su rol como conferencista.
¿Cómo fue su niñez?
Esta interrogante busca conocer un poco de cómo ha sido la infancia de quien hoy es una guerrera de la vida. "Tuve una niñez marcada por la figura de mi madre. Para mí, ella era la mujer más hermosa que mis ojos habían visto. Su rostro me parecía perfecto y cuando se reía iluminaba cualquier lugar. Era la única hembra entre cuatro hermanos y todos la respetaban por su carácter fuerte y su valentía. Yo crecí escuchando sus historias de infancia y juventud, como si fueran mías, porque siendo hija única nunca iba a experimentar lo que ella vivió en esa familia tan numerosa". Su admiración por su mamá casi se puede "tocar".
Amaba los días en que su mamá estaba feliz, porque su alegría era contagiosa, pero al mismo tiempo temía la otra cara de ella. "Era una mujer que, entre cigarrillos y café, podía desatar toda su ira contra mí. En esos momentos aprendí a callar, a intentar ser la hija perfecta, porque llegué a pensar que yo era la causa de su frustración, que mi existencia había detenido sus sueños". Por eso no se perdía con sus estudios y responsabilidades según su edad.
"Aun así, hubo momentos en que descubrí otra faceta de ella, como aquel día en que mis compañeros de colegio me rechazaron para dar el discurso de graduación. Llegué destrozada a casa y, lejos de juzgarme, mi madre me defendió con una fuerza que me hizo verla como una superheroína". Esa situación me enseñó que la vida siempre pondrá obstáculos, pero que lo importante es seguir caminando hacia delante.
Su madre también sacrificó muchas cosas por la paz de su hija. Aguantaba en silencio el peso del cáncer que padecía. "Recuerdo con dolor el día en que la doctora nos dijo que ya no había nada que hacer. Mi mamá lo sabía desde el principio, pero calló su diagnóstico para que yo pudiera terminar la universidad. Ella aguantó el dolor para dejarme herramientas que me ayudaran a enfrentar la vida. Cuando partió, quedé rota, perdida, hasta que mi madrina, cumpliendo su promesa a mi mamá, me hizo entender que tenía dos opciones: fracasar o honrar a mi madre. Ese fue el primer paso hacia mi resiliencia". Verse en ese espejo cuando recibió su diagnóstico, la hizo comprender que una madre lo hace todo por sus hijos.
Su papá es otra historia. Nació en Ecuador, y fue un hombre obligado a madurar de golpe por la muerte temprana de su padre. "Yo crecí sin él, sin saber lo que era ser la 'princesa de papá', convencida de que mi familia estaba incompleta. Durante años lo busqué, después decidí que no quería saber más de él. Pero la vida, como decía mamá, da muchas vueltas. Tres años después de aquella conversación, lo conocí en Nueva York. Ahí me contó su historia de lucha, de hambre, de esfuerzo, de cómo aprendió inglés sólo escuchando, de cómo levantó una vida con apenas un cuarto de primaria. Ese encuentro me mostró que de él heredé mi espíritu independiente, esa capacidad de luchar por mis sueños sin depender de nadie". También le dio algo que le faltaba: hermanos, raíces y un sentido de pertenencia que ha quedado demostrado en su victoria contra el cáncer.
A qué se dedica
Lidia Lucía es abogada, comunicadora y conferencista. En la actualidad es especialista en adquisiciones en un proyecto del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y el BID. Es comentarista de noticias en Amé Informativo, canal 18, y cofundadora y cohost del Podcast The W Fórmula del proyecto Mujeres En Fórmula RD, primer podcast de Fórmula 1 de Mujeres creado, producido y conducido por mujeres en República Dominicana.

