enfoque
El puente de Dajabón
Un martes viajamos a la comunidad de Partido, Dajabón, a la inauguración del hospital municipal. Luego de ese acto, se realizó, como de costumbre, una rueda de prensa con los periodistas de la fuente palaciega.
Al iniciar la rueda de prensa, se puso de pie una dirigente comunitaria para exigirle al presidente que le diera respuesta a una carta que ella había depositado hacía unas semanas en el Palacio Nacional para la realización de un puente entre Dajabón y Juana Méndez, inexistente en ese momento.
Balaguer le preguntó que dónde ella había entregado esa carta de la que hacía referencia, ya que a sus manos no había llegado.
La señora le dijo que ella fue al Palacio Nacional y que la llevaron a la oficina número 59, que era la de Protocolo, y que un señor con lentes, medio bajito y de uno 50 años le había recibido la carta.
Balaguer, con un gesto tradicional, dio un manotazo en la mesa que tenía delante y dijo que a él nadie le había entregado esa comunicación tan importante para la resolución del grave problema de esa comunidad. Y preguntó de repente: “¿Rodríguez está presente?” Se refería al embajador Miguel Antonio Rodríguez, el descrito por la señora, que él sabía que no viajaba al interior. Al decírsele que no, preguntó entonces que si había alguien de Protocolo: “Que venga y responda”.
El único de Protocolo que había ido al viaje era yo y precisamente la carta que refería, yo mismo se la había leído y entregado al jefe de Estado. Estaba en una encrucijada, pues no sabía qué iba a hacer. Bello Andino se dio cuenta de mi titubeo y fue rápidamente a decirme al oído que me montara en el carro, en vez de ir al micrófono.
Yo me iba a dirigir a micrófono para aclarar la situación, pero dudaba si decía la verdad, porque efectivamente el presidente estaba al tanto de esa solicitud desde hacía una semana.
La decisión de Bello fue la más correcta. Poco importaba si respondía —si mentía— que la tenía o que se me había extraviado: el peso de la respuesta era demasiado grande para un imberbe como yo.
El presidente preguntó varias veces que si no había nadie de Protocolo. Yo, trancado en mi carro, estaba esperando ansiosamente que partiéramos del lugar.
La próxima vez que lo vi, le expresé al presidente que yo estaba allá pero que preferí entrar al vehículo y no dirigirme al micrófono. Él, con una sonrisa socarrona, me respondió: “Cuánto has aprendido, muchachito” y luego lanzó una larga carcajada.
Por la falta de experiencia estuve a punto de armar un grave problema público.
A los 15 días se inició la construcción del puente entre Dajabón y Juana Méndez, el cual con el tiempo se convirtió en la vía comercial más importante entre Haití y República Dominicana.

