TRADICIONES

Se calla el pregonero

“Ey, yo tengo guandules, ey yo tengo guandules”. Es la forma peculiar que tiene “Quique” de promocionar su producto, y se ha hecho tan popular que niños y adultos repiten la frase con él cuando temprano en la mañana se desplaza por las calles del sector Villas Agrícolas, de la capital. Pero la tradición tan arraigada en los vendedores de pregonar sus productos con frases llamativas se ha ido apagando. En la mayoría de ellos, esta expresión folclórica que otrora fue tan popular, ahora cede el paso al silencio escrupuloso, los llamados “delivery” e incluso al avance tecnológico, especialmente con el uso del teléfono celular. La voz destemplada de Quique en una conversación normal, con frases entrecortadas y la respiración alterada, contrasta con el ímpetu que imprime a la forma tan llamativa de pregonar su producto. “Me salió así, natural, antes eran zapotes, pero ahora son guandules”, dice sonriente el peculiar vendedor ambulante, cuando se le pregunta cómo surgió el pregón que le ha hecho tan popular entre los vecinos de Villas Agrícolas. El pregón tuvo su auge al final del siglo XIX y comienzos del siglo XX, pero ha ido desapareciendo con el desarrollo urbanístico, caracterizado ahora por las grandes torres de apartamentos, la inseguridad ciudadana y hasta el uso de la tecnología. La gracia, el ingenio, el humor y algunas veces el doble sentido impregnado por los vendedores a los pregones han convertido esta expresión popular en parte importante del folclor dominicano, aunque ahora languidece ante la prisa de una sedante modernidad. “Última hora, Nacional y La Noticia, lea”, “Llevo el huevo duro y caliente”, “Más maíz”, “Vecina salga, llegó el amolador automático”, “Frío, frío”, “Llevo el pan camarón”, “Llevo chinas, las agrias no se pagan”, “Señora, llevo la pomada para la sarna y la raquiña”, “Llevo la yuca agua tibia”, “Carbones, carbonero”, “Llegó el que compra to’ lo viejo: camas viejas, lavadoras viejas, baterías viejas, menos mujeres viejas”, “Llevo pan ñoño que si lo aprietan grita”, “Limpiabotas, marrón y negro”, son algunos pregones que en un momento determinado llenaron de vida y color la vida en los barrios. Algunos incluso han quedado eternizados en estribillos de merengues y otros ritmos populares. Fieles a la tradiciónSin embargo, todavía algunos marchantes y marchantas, como comúnmente se les llama también a estos vendedores, se mantienen apegados a la tradición, como Zacarías Tejada (El moreno), de 60 años y con 45 ellos ofertando lechuga, repollo, tomate, remolacha y otros artículos usados para preparar ensaladas. Un silbido penetrante y la frase “llegó el moreno, entra negra” indican a sus clientes que este vendutero se acerca. “Es una forma de yo atraer el clientes, la gente se ha acostumbrado a esa forma de yo anunciarle los vegetales, seguiré haciéndolo”, agregó Tejada, quien sí precisa que ahora comienza su jornada laboral más tarde y termina más temprano, debido a la delincuencia en los barrios. Miguel Antonio Amancio, con una voz estentórea que desearía cualquier locutor o actor de teatro, ha puesto un sello característico a la manera de pregonar la variedad de productos que oferta. “Yo voceo mis productos para tener mejor venta. En algún momento el cliente puede estar acostado, y cuando me oye, aunque no se levante, puede mandar a otra persona a comprarle lo que necesita”, agregó. Amancio dijo que la potencia de su voz es natural y la forma de pregonar le sale de adentro. Fermín García Corporán, de 48 años, es más ingenioso. Tiene una camioneta a la que ha adaptado un megáfono en la parte superior, aparato que ha conectado a una pequeña grabadora donde registra sus pregones de cada día. “Tengo que grabarlo diario, hay que renovarla, porque todo el tiempo los artículos suben y bajan de precio”, precisa Corporán, quien hace él mismo las grabaciones para promocionar todo lo que lleva en su “negocio rodante”. Corporán, padre de cuatro hijos, se suple en el mercado Nuevo de la avenida Duarte y recorre los barrios Villas Agrícolas, Capotillo, Luperón y Los Mina, donde sus clientes salen a comprarle desde que escuchan su voz en el altoparlante. “Los tiempos están difíciles, no hay empleo, fuentes de trabajo, y esta es una forma de subsistir y mantener a mis hijos”, indicó, tras precisar que sale de su casa a las 6:00 de la mañana y regresa luego de una agotadora jornada de trabajo, a las 9:00 de la noche. Uno de los sectores donde más se conserva la tradición de pregonar es el transporte público de pasajeros, por la necesidad de que los pasajeros conozcan la ruta que abordarán. “Ovando-bomba-Los Mina”, “Máximo Gómez-Guaricano-Cuerno”, “Los Mina-San Vicente-Villa Faro” y “Duarte-Benito-Parque”, se escucha sin parar en diversas rutas de la capital y la provincia Santo Domingo. La folclorista Xiomarita Pérez considera que cada día hay menos pregoneros debido al crecimiento vertical de las ciudades, la presencia haitiana en el país y por la delincuencia. “Una persona vociferando, las personas que residen en apartamentos no van a escucharla; también los vendedores estacionarios, es decir, están en una esquina y tú vas a comprarles a ellos”, explicó. Pérez dijo que también producto de la delincuencia y la falta de higiene de algunos vendedores, la gente prefiere comprar en supermercados o encargar sus productos a los llamados “delivery” en los colmados y pequeños supermercados. La exdirectora Nacional del Folclore explicó, además, que la venta informal en las calles ha sido copada por los haitianos, quienes no tienen la costumbre de pregonar los productos aquí, en la mayoría de los casos porque muchos están ilegales y temen delatarse. “Los dominicanos al parecer se han cansado de hacer esos trabajos, y los haitianos son los que lo hacen, pero no hablan. Ellos venden aguacates y ya, muchas veces se estacionan en un lugar, pero sin pregonar”, añadió. Miguel Enrique Martínez Molina, presidente de la Asociación de Dominicanos Residentes en Haití, reveló que en la vecina nación también es raro escuchar a los haitianos pregonar sus productos. “Puedes ver solamente en algunas esquinas algunas personas que promueven la venta de gaseosas, pero no se siente la felicidad de promover esos productos”, añadió. Mientras, el también folclorista Dagoberto Tejeda considera que el auge de las tecnologías de la comunicación ha incidido en la merma del pregón. “La capacidad y la creatividad de cada pregonero es lo que le da el éxito a su producto, hoy los medios de comunicación invaden la promoción y la propaganda, y hacen que sea menor la necesidad y la participación de los pregoneros”, añadió el director de Cultura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). ALGUNOS PREFIEREN EL USO DE LA TECNOLOGÍAAlgunos vendedores que ofertan productos o servicios justifican su silencio en las calles. Modesto Núñez García, de 55 años y quien se dedica a forrar sillas, alega que ya no tiene que “desgañitarse” pregonando lo que hace. “Yo tengo mi celular que se lo dejo a mis clientes, y me llaman cuando necesitan mis servicios”, explicó. Otros, como Luis Adames, vendedor de papas, auyamas, cebolla, ají y otros víveres y vegetales, alega que ya tiene sus clientes, quienes saben a qué hora pasa, además de que también suelen encargarle productos a través del móvil. Johnny Lorenzo, en cambio, alega que con el “solazo” de cada día, si vociferara sus productos terminaría sin fuerzas al caer la tarde. Los pregones han sido por años una de las manifestaciones folclóricas más importantes de la cultura dominicana, a tal punto que muchos compositores han incorporado este canto popular a sus canciones como estribillos. El pregón tuvo en auge hasta la década del 70 del siglo pasado Según Xiomarita Pérez, esta forma de promoción popular nos llega con la africanía, y estuvo bastante presente en el siglo XVII y XVIII cuando el esclavo comenzó a articularse en la economía informal y la de jornalero. Viene de la época colonial, sostiene. Citó también la relación raza-oficio, tras precisar que un ejemplo son las vendedoras de flores que están en los alrededores de algunos supermercados, pues proceden de Mendoza (Mandinga), Villa Faro, Yamasá, Los Mina, donde habitan muchas personas de descendencia africana. Pérez recuerda que existió el proceso de manumisión que era el derecho que le daba el amo al negro para que éste le comprara y luego ser negro liberto. Estos negros manumisos con acopio de alimentos y productos menores llegaban del campo a la ciudad para vender sus mercancías y lo hacían con sus cantos. Hubo un tiempo en que las guaguas anunciadoras se usaron bastante, pero fueron prohibidas en muchas urbanizaciones por el bullicio. La folclorista precisa que el pregón es música con melodía. Algunos pregones sobresalen y han permanecido a través de los años por la originalidad y creatividad de sus autores.

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