"Liborio" o la madurez de un actor

Dimitri Rivera (González) hace un repaso histórico, íntimo, visceral, desde la ficción que le permite la trama, de un acontecimiento de la historia reciente del país: "La matanza de Palma Sola", de 1962, fruto del liderazgo religioso y revolucionario que encabezó Olivorio Mateo en 1922, en los pueblos de San Juan de la Maguana y del momento histórico que marcó ese proceso

Dimitri Rivera (González) a través de su obra unipersonal, "Liborio", demuestra unas técnicas y un rigor a los que hay que prestar atención.

Dimitri Rivera (González) a través de su obra unipersonal, "Liborio", demuestra unas técnicas y un rigor a los que hay que prestar atención.

Dimitri Rivera (González) se ha formado, ha crecido. Ha madurado ante nuestros ojos. Hoy, a través de su obra unipersonal, "Liborio", demuestra unas técnicas y un rigor a los que hay que prestar atención.

Ya lo había demostrado hace algunos años en ese "Pinocho" tan "guloyano" que protagonizó junto a Claudio Rivera (su padre).

Ahora, con esta pieza, adaptación de "La hija del mesías", del escritor dominicano, César Sánchez Beras, en la que hace un repaso histórico, íntimo, visceral, desde la ficción que le permite la trama, de un acontecimiento de la historia reciente del país: la matanza de Palma Sola", de 1962, fruto del liderazgo religioso y revolucionario que encabezó Olivorio Mateo en 1922, en los pueblos de San Juan de la Maguana y del momento histórico que marcó ese proceso.

Pues eso, que Dimitri, en este unipersonal exquisito, interpreta varios personajes, desde el soldado que se debate entre su deber y su fe y el amor por los suyos, pasando por algunos de los involucrados en el movimiento Liborista, hasta el sargento cuya crueldad y tozudez no le permite ver más allá de sus narices, desatado una masacre absurda contra gente sencilla pacífica y humilde.

Dimitri ofrece con este montaje, qué además ha dirigido, un trabajo que merece ser observado, evaluado, validado sin prejuicios. Sin que se desmerite de él su fuerza y rigor como actor (porque no dudamos que ya suenen voces contrarias que insistan en mezclar su trabajo con el de sus progenitores).

En "Liborio" vemos a un actor comprometido con el ejercicio. Vemos a un intérprete que ha impuesto su disciplina ante cualquier comodidad. Hemos asistido a un performance completo, acabado, sin fisuras. Limpio, cocinado.

Tal parece que la palabra improvisación quedó fuera de este montaje. Sin que se notara atisbo alguno de acartonamiento, la teatralidad de la pieza evoca unos movimientos coreografiados tan sutiles como específicos.

"Liborio" se presenta en el Teatro Guloya en la Zona Colonial.

"Liborio" se presenta en el Teatro Guloya en la Zona Colonial.

Son alrededor de 35 a 40 minutos los que permanece el actor en el escenario, con pequeñas pausas para introducir la multimedia: videos muy cortos que van poniendo en contexto al auditorio que necesariamente no tiene que conocer la historia de emancipación mesiánica de "Papá Liborio".

Hay un juego de luces, unas piezas minimalistas que el actor va utilizando como recursos de apoyo; hay fuerza. Hay sincretismo. Hay religiosidad popular. Hay folclore y, sobre todo, hay teatro.

En ningún momento de la puesta en escena se pierde la esencia. La obra es un retrato desprejuiciado de lo que muchos historiadores contemporáneos han querido ocultar. Pero sigue siendo eso, teatro, con una actuación que en ningún momento abandona su esencia.

"Liborio" continúa este fin de semana en el Teatro Guloya en la Zona Colonial, si las condiciones climáticas, si las intensas lluvias provocadas por los efectos del fenómeno atmosférico que tocó el territorio dominicano lo permiten.

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