CINE
‘Los Indestructibles’
Sí, lo sabemos, sabemos desde hace ya muchos años que muchas, muchísimas personas aquí, en Dominicana, y en el mundo entero, posiblemente hasta los suizos y los suecos incluidos, gustan desmesuradamente de la violencia. La violencia para ellos es una especie de catarsis: gozan viendo en una pantalla aquello que saben nunca podrán hacer en persona, se identifican con el “héroe” cuando, de una u otra manera, al final de la historieta destripa al o a los malvados de turno. Estos héroes y villanos de opereta no tienen, por supuesto, consistencia como tales, son meros mamotretos que nunca serán recordados como tales. Porque, por lo menos, cuando se trata de Aquiles, “El de los pies ligeros”, cuando es Jean Valjean, cuando es el Mefistófeles de Goethe u Otelo de Shakespeare, usted sabe que son personajes igualmente creados por la imaginación, pero, por supuesto, esos sí tienen valor imperecedero, esos sí significan algo en el mundo de la cultura universal y por eso seguimos leyendo sobre ellos, son parte del acervo cultural de toda nuestra destartalada Humanidad. Pero, díganme ustedes, cualquiera de ustedes, ¿quién va a recordar el nombre de Barney Ross apenas dentro de dos meses? Barney Ross es el “héroe” de pipiripau creado por Sylvester Stallone, un señor a quien, nadie se explica por qué, algunos siguen señalando como actor y que, como basó su “carrera” en la rutina de dar y recibir golpes y disparar y esquivar disparos, ahora no puede hacer otra cosa, tratando de no desaparecer definitivamente de las pantallas, o sea, buscando “picoteos” a cómo dé lugar, inventando historias tan disparatadas y anodinas como esta que, para mala suerte de nuestra vista y nuestra mente, nos ha tocado ver ahora: “The Expendables”, en la cual el genio abotargado funge de guionista y director, nada menos, aparte, por supuesto, de ser la figura principal en el reparto y pasar la mitad del tiempo con una sonrisa retorcida estampada en el rostro como para que todos puedan comprobar que “se la está gozando”. No podemos concebir, repetimos, cómo pueden disfrutar de este “show” de mal gusto cuando, en realidad, es lo mismo de siempre y sin sentido: Barney y sus socios son mercenarios, la primera secuencia es para que se aprecie lo fenomenales que son, rescatan a unos secuestrados de piratas somalíes (están de moda), matan a todos los malos sin siquiera rozar a los prisioneros que estaban en medio del grupo y ya. Luego hay unos “shows” individuales a cargo de Jet Li y Dolph Lundgren, van a una isla donde hay un tirano pero que no es tan malo porque el malo de verdad es un yanki que lo tiene de marioneta mientras se forra de dinero, nadie sabe cómo, y allí viene el cliché de siempre: Barney decide volver aunque la isla sea una trampa mortal, lo va a hacer sólo para salvar a una chica hija del tirano, pero los otros, por supuesto, le van a respaldar aunque sean mercenarios y no vayan a ganar un cobre por dejarse matar. ¿Y el final? Luego de veinte minutos de tiros, explosiones, el pueblo casi íntegro destruido y quemado, Barney y sus chicos ganan. O ¿acaso esperaban otra cosa?

