tribuna abierta
¿Aberraciones del terreno?
Juan Francisco Puello Herrera, autor de esta Tribuna Abierta.
El béisbol es el único deporte profesional donde el terreno de juego no tiene dimensiones uniformes. Cada estadio puede tener medidas distintas en los jardines, ángulos irregulares o paredes desproporcionadas. Esa libertad, que algunos llaman tradición, ha producido también verdaderas aberraciones geométricas dentro del campo.
Dos ejemplos, Boston y Houston. En Fenway Park, el estadio más antiguo de las Grandes Ligas, el jardín izquierdo está a apenas 310 pies, pero se levanta una pared de más de 37 pies conocida como el Green Monster. En contraste, el jardín central se extiende hasta 420 pies, creando una forma irregular que influye decisivamente en el juego.
En Minute Maid Park, en Houston, ocurre algo similar: el jardín izquierdo tiene una distancia corta y las gradas llamadas Crawford Boxes permiten jonrones rápidos, mientras otras zonas del parque se extienden mucho más lejos, generando un campo asimétrico que altera la lógica del bateo.
Pero no son los únicos casos. En Oracle Park de San Francisco existe el famoso Triples Alley, un profundo callejón de más de 415 pies que favorece los triples más que los jonrones.
En Wrigley Field de Chicago, el diseño irregular se debe a que el estadio fue construido entre edificios urbanos, lo que produjo ángulos poco convencionales en el jardín.
Estas singularidades nacieron en los primeros años del béisbol, cuando los estadios se adaptaban al espacio disponible en las ciudades. El resultado fue una colección de terrenos con geometrías caprichosas.
La consecuencia es evidente: el rendimiento de jugadores y equipos puede variar según el estadio. Lo que en un parque es jonrón, en otro es un simple elevado. Así, la irregularidad del terreno introduce un factor que, más que tradición romántica, muchos consideran una distorsión del juego.
En otro ámbito, la esencia no está solo en la existencia de reglas, sino en el espíritu con que se asumen. Pero cuando las condiciones del juego —como el propio terreno— afectan la equidad, ya no se trata de estilo, sino de justicia competitiva. En el deporte profesional, la disciplina y el esfuerzo deben expresarse en un marco equilibrado. La pasión auténtica preserva la limpieza de la competencia; cuando esta se altera, el juego pierde sentido. Como ha recordado el papa Francisco, el deporte es una metáfora de la vida. Y, por eso, cuando se distorsiona el terreno, también se distorsiona lo que el juego está llamado a expresar.

