Reflexiones del director
Un reencuentro con mis colegas de la vieja guardia
Volver a Santiago siempre me sabe a gloria. No solo por la ciudad, sino porque me reconecta con una de las épocas que más guardo en el corazón: mis inicios como director de periódico a finales de los ochenta, en La Información, un diario que era pura leyenda.
Con los periodistas que conocí allí he mantenido el cariño intacto, pero nunca había podido juntarme con casi todos ellos a la vez para hablar en serio.
Hasta hace poco, cuando en un conversatorio organizado por el Colegio Dominicano de Periodistas platicamos sobre la misma espinita que nos atraviesa a todos.
¿Qué va a ser de nosotros con este ecosistema tan roto?
Mis colegas santiagueros fueron directos: “¿Cuáles son los tres desafíos más duros que le ves a la prensa tradicional?” Les señalé estos:
Primero, el ritmo que nos está matando (sin calidad).
Antes trabajábamos por ciclos: diario, semanal, mensual. Ahora es 24/7, un agujero negro sin pausa.
Adaptar la cultura interna a esa velocidad sin que el periodismo se vuelva chatarra, es un reto gigante.
Segundo, que el dinero ya no llega como antes. El modelo de antaño era fácil: venta de ejemplares y pauta publicitaria. Hoy estamos inventando sobre la marcha con suscripciones digitales, membresías, eventos, contenido patrocinado ético y alianzas.
Es un prueba y error constante para no morir en el intento, aprendiendo a usar tecnología que nos conecte con la gente sin perder el sustento.
Y tercero, el aspecto de la confianza, ese tesoro escurridizo que es nuestro mayor activo.
Antes el periodismo tenía el monopolio de la verdad pública. Hoy cualquier anónimo con un celular te siembra una duda enorme.
Recuperar la autoridad no es ponerse arrogantes, sino todo lo contrario: transparencia radical y pegarnos al ciudadano. No se trata de ser más fuerte que el ruido, sino de ser más útiles que el ruido.
Por eso nuestra responsabilidad es triple: informar con verdad, contextualizar para que la gente entienda, y vigilar al poder (sea económico, político o social).
En una democracia frágil como la nuestra, el medio es el termómetro y el guardián. Fallar en eso es traicionar el pacto con la sociedad dominicana.
Se los dije claro: el mandato innegociable es anteponer el interés colectivo al sensacionalismo fácil.
Eso significa verificar la noticia aunque perdamos la primicia, diferenciar opinión de hecho, darle voz a los vulnerables, no solo al poderoso y tener una línea editorial que ayude a resolver problemas, no solo mostrarlos con morbo.
Aquí, en el país, eso implica investigar corrupción sin caer en linchamientos, y cubrir migración o la crisis eléctrica con rigor técnico y humano, no con titulares de pánico.
Y les regalé esta premisa, que es casi nuestro lema en el Listín Diario:
“Prefieran ser segundos y llegar vivos, que primeros y muertos en su credibilidad.”
Porque la inmediatez te exige velocidad, pero la confianza se construye en décadas y se pierde en segundos con una sola noticia falsa.
Ah, y el desafio de la Inteligencia Artificial también salió, pero esa historia la dejo para otras Reflexiones, ya que por hoy es bastante.

