EDITORIAL
Un mérito que obliga a no bajar la guardia
La República Dominicana ha vuelto a situarse en lo más alto del Índice Chapultepec de Libertad de Expresión y Prensa, elaborado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Según la evaluación correspondiente a 2025, el país alcanzó 82.17 puntos sobre 100, siendo la única nación en las Américas clasificada en la franja de “Con Libertad de Expresión”.
Este reconocimiento, que se repite por tercer año consecutivo, adquiere una relevancia particular en un contexto regional sombrío, calificado por la propia SIP como uno de los peores períodos para el periodismo en el continente.
El informe regional dibuja un panorama alarmante. El promedio de libertad de prensa en América cayó a su nivel más histórico (47.10 puntos), marcado por homicidios, detenciones arbitrarias, exilio de periodistas e impunidad.
En este escenario, la posición de la República Dominicana es, sin duda, un activo que debe valorarse y protegerse.
El mérito de este sitial reside en una combinación de factores internos.
Por un lado, la ausencia de una política gubernamental abiertamente restrictiva ha sido fundamental, un compromiso que el presidente Luis Abinader ha formalizado con la suscripción de las declaraciones de Chapultepec y Salta.
Y por otro lado, y quizás de forma más determinante, por la tenaz vigilancia que los medios de comunicación y la sociedad civil mantienen para preservar este derecho.
Esa capacidad de custodia ha sido, en gran medida, la barrera que ha contenido posibles excesos, ya sea desde el poder público o desde las presiones del crimen organizado.
El presidente Abinader, al conocer la distinción, ha expresado su orgullo y ha afirmado que este logro lo “compromete aún más a continuar profundizando y ampliando las libertades públicas”.
Es, ciertamente, un orgullo innegable para el país que, en horas oscuras para la libertad de expresión en gran parte de América Latina, aquí se pueda ejercer el periodismo sin un clima persistente de peligros reales.
Pero este sitial, más que un trofeo, obliga a los medios y a la sociedad civil a no bajar la guardia nunca.
Celebrémoslo, sin triunfalismos ni complacencias.

