EDITORIAL
¿Hambre cero en dos años?
La afirmación del director general de la FAO de que en dos años República Dominicana podría alcanzar la meta de “hambre cero”, está cargada de un buen deseo.
No obstante, al vaticinio hecho por Qu Dongyu en presencia del presidente Luis Abinader en Nueva York, le falta una explicación de la fórmula para lograrlo.
En un país que más del 30 por ciento de la población recibe ayuda social directa del gobierno, donde se deteriora la educación y la agropecuaria ha ido perdiendo dinamismo, tener la población alimentada es difícil.
Una meta de ese tipo no se logra sobre la base de productos alimentarios importados, sino poniendo a la población a trabajar, a transformar materias primas y a multiplicar el empleo rural y urbano.
Si la política de auxilios sociales a las personas vulnerables tuviera una estrategia de sacarlas de la pobreza e integrarlas a la producción, marcháramos por buen camino frente al hambre.
Pero resulta que lo que hemos tenido hasta hoy es gobiernos regalando pócimas de comida, gas, energía y algo de dinero en efectivo en una práctica clientelar generalizada.
Eso explica que la cantidad de personas “alimentadas” por el gobierno no disminuya, sino que aumente, mientras que en toda ocasión le entrega bonos para mantener la presencia oficial en la precariedad social.
¿Existe algún país que haya terminado con el hambre regalando alimentos sin promoción de la educación, sin estimular la formación técnica y la oportunidad de trabajar?
El ejemplo de China y de India, elocuentes éxitos de sacar a las personas de la pobreza, se fundamentó en educar a la población, desarrollar la infraestructura, atraer inversiones y crear empleos productivos.
Sin estos objetivos combinados, llegar al hambre cero –aquí y en cualquier otro país- parece una ilusión que no se come y mucho menos alimenta.

