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Atajos veloces

El cerebro humano es un órgano bastante maleable. Y tiene la gran ventaja de que su configuración se puede cambiar desde afuera, sin necesidad de pociones farmacéuticas ni intervenciones quirúrgicas.

Gracias a los avances en los equipos de diagnóstico, los especialistas han podido observar imágenes que muestran cómo reacciona el cerebro ante diversos tipos de estímulos. Han constatado los efectos que situaciones de peligro, experiencias placenteras, manifestaciones de cariño, pérdidas de seres queridos y muchas otras condiciones habituales o extraordinarias, ejercen sobre su funcionamiento. De particular interés han sido los hallazgos relacionados con los procesos de aprendizaje, habiéndose comprobado su influencia sobre el número y características de las conexiones neuronales.

A ese respecto, se ha determinado que el aprendizaje provoca la formación de nuevas conexiones. Actividades como la lectura de un texto, escuchar una disertación, participar en un experimento, practicar con un instrumento musical o ser parte de un grupo de discusión de un tema, conducen a la creación de vínculos entre neuronas con variados niveles de persistencia en el tiempo. Vista desde ese ángulo, la educación equivale a un mecanismo para alterar la fisonomía operativa del cerebro.

Pero de ser así, es lógico preguntar si sería posible poner en marcha un mecanismo inverso, a fin de que en lugar de que sea la educación la que cambie el cerebro, que sean modificaciones en él las que cambien la educación de una persona. Por esa vía contraria, implementar cambios en las conexiones y los transmisores de impulsos entre neuronas aportaría conocimientos y vivencias sin necesidad de aprendizaje ni experiencias propias, algo parecido a imprimir nociones en base a un plano preestablecido de vinculaciones. Podríamos formar médicos, ingenieros o novelistas según queramos, velozmente y sin pasar por las aulas.

Aparte de tener que decidir qué hacer con los maestros, el problema es que no se sabe cómo llevar a cabo ese mecanismo inverso, lo que nos deja con los métodos de enseñanza que ya tenemos. No disponemos de un atajo para liberarnos del costo en tiempo y esfuerzo que conlleva la labor educativa.

La búsqueda de atajos se da en todas las ramas científicas. Quisiéramos tener, por ejemplo, un medio expedito para retirar de la atmósfera todos los contaminantes que causan el calentamiento global, o una fuente de energía ilimitada sin residuos ni grandes inversiones. O, en asuntos económicos, eliminar los déficits fiscales sin tener que reducir los gastos públicos, simplemente poniéndoles más impuestos a quienes ya están pagando.

A veces, se nos presentan atajos promisorios que podemos tomar con la expectativa de solucionar problemas. En muy contadas ocasiones conseguimos lo que deseamos. En las demás, los atajos nos llevan por caminos equivocados.

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