Crítica de cine
Tiguere
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¿Qué le quedará al padre del hijo cuando le haya quitado toda la sensibilidad de la infancia y lo haya moldeado a la brutalidad de la concepción que tiene de la adultez?
Nuevamente José María Cabral evidencia su impecable dirección artística y su interés por las temáticas sociales, trayendo perspectivas poco exploradas en la gran pantalla dominicana. Tiguere es una película que no le tiene miedo a los tabús de la sociedad dominicana y presenta una cara que muchos, consciente o inconscientemente, ignoran.
“Tiguere” sigue la historia de un adolescente de 14 años que es enlistado nuevamente por su padre es un campamento que él mismo dirige y administra. Junto con otros adolescentes más o menos de su misma edad, es puesto a realizar ejercicios demandantes, soportar humillaciones, y, al final, aprender lo que es realmente ser un “macho”.
En el sentido técnico, la fotografía de la película está muy bien ejecutada, con escenas armoniosas y equilibradas que reflejan la belleza de las locaciones seleccionadas. También destaca la dirección de arte y los diálogos, siendo ambos elementos que añaden realismo y funcionan para la inmersión del espectador en el contexto histórico y cultural en el que se desarrolla la historia. Pero más allá de todo esto, el filme brilla por los conceptos que trabaja, especialmente, el que lleva como título.
Si el tigueraje fuera religión, su mayor pecado sería la debilidad y su mayor virtud sería el egocentrismo, conseguir lo que se quiere por cualquier método. Y si la debilidad es prohibida, más lo es la vulnerabilidad. Y si la vulnerabilidad no es posible, el amor se torna superficial, transaccional. Pero entonces, si se destruyen todos los sendas y sistemas de conexión y afecto genuino dentro de alguien, ¿que nos queda? Nos quedará el hambre insaciable que se intenta llenar de cosas insustanciales. ¿Y cuando eso no sea capaz de llenar el vacío? Ya solo nos quedará la destrucción.
La ley del más fuerte corona al mayor depredador como rey de la selva. Enseñamos a los niños a deprededar a temprana edad para que cuando sean hombres salgan aflote en las junglas de cemento, carretera y monumentos de hierro. Para que no sean dominados, para que dominen a los demás. Es el regalo que da el padre al hijo y que el hijo pasará a su descendencia cuando se convierta en el padre.
Con la inteligencia de un hombre y la ferocidad de un tigre, el tiguere es ambos, hombre y fiera. Sin embargo, en el camino, ha perdido parte de su humanidad.
La película no se extiende más de lo necesario, pues tiene muy claro qué desea contar y en eso se enfoca. Por otra parte, algunos temas fueron descuidados, quedándose solo en pinceladas de conceptos desperdigados a lo largo del filme, sin explorarse a mayor profundidad. Pues a pesar de la importancia de que exista el enfoque masculino en estas historias, la película dejó de lado el enfoque femenino luego de evocarlo muchas veces. Es importante reconocer el daño que hace esta cultura a los jóvenes, pero luego de exponer todas las ideas dañinas que se le inculcan a los hombres sobre las mujeres desde temprana edad, hubiese resultado contundente involucrar más a los personajes femeninos y las consecuencias que estas ideas provocan.
A pesar de esto, y más allá de cualquier perspectiva que pudo haberse añadido, la película explora de manera notable la trasformación de niño en esta figura de hombre que inculca la sociedad y el impacto que esto crea en sus relaciones con otros hombres. Y con esto, logra su cometido.

