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Voces del Este

Constructoras petromacorisanas: maestras a tiempo completo

foto archivo

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"‘Yo fui constructora desde el vientre de mi madre, porque mis padres se ganaban la vida haciendo múltiples tareas. Mi padre ya era maestro y mi madre, embarazada, lo ayudaba’’.

Wanda Brea habla con orgullo. Sus ojos brillan de euforia y no oculta sus 31 años. Su piel porta también el bronce del intenso sol de los mediodías de su pueblo natal, aunque sobresale por el marcado instinto de sus poros filtrantes de calor.

Su fuerte complexión física no le ha hecho perder ni su encanto femenino, ni su dulzura al mirar. Por el contrario, parece que el cemento, las barillas y los blocks que ha cargado en su vida, han marcado su rostro mucho más que la áspera crudeza que a veces irradia como atributo de su personalidad extrovertida.

Se trata de una mujer de pies a cabeza, que ha sabido desdoblarse en tres personajes disímiles y contradictorios; en tres seres triunfadores. De una parte vive la maestra constructora con su imprescindible fortaleza de carácter y sus recursos para hacerse respetar. De otro lado, aparece la dirigente sindical, bien informada y dispuesta a defender los intereses del sector, sobre todo de las pocas mujeres que hoy en día viven de él. Por último, aparece el ser humano íntegro y lleno de emociones que sabe ser hija, hermana, madre y esposa con ejemplar dedicación.

Ella ha sido capaz de transformarse sin perder su encanto femenino ni su trascendencia social. Por el contrario, esos tres personajes viven dentro de su ser en magnífica armonía, corrrespondiéndose y complementándose.

Tradición familiar

‘‘Mi padre me llevaba a la construcción desde que yo era niña. Como él es maestro de obra, me pedía que le chequeara los papeles y la lista de los trabajadores. Él tuvo diez hijos, uno solo varón, y él pensó que ése seguiría sus pasos, pero no fue así. Mi hermano es quien menos vocación de constructor ha presentado en la familia. El está entusiasmado con la informática’’.

La conversación con Wanda tiene lugar en la modesta galería de su casa natal, donde reside con sus padres, esposo y varias hermanas. El pequeño espacio está rodeado de personas, sus seres queridos que la escuchan atentamente. Ella se graduó de maestra constructora en el CODIA en 1996. La casa, a pesar de su humildad, se nota hecha con rigor profesional y ampliada consecuentemente para que todos tengan un adecuado espacio.

Sus hermanas Angela e Ingrid son constructoras también, y participan del relato. Ingrid, la más joven, es plomera graduada en INFOTEP. Próximamente ingresará a estudiar la profesión de sus hermanas, maestra constructora en las aulas del CODIA.

Angela tiene tres hijos y ha levantado su propia casa, la cual piensa ampliar en los próximos meses en su tiempo libre:

‘‘Tenemos mucho trabajo y apenas descansamos porque, en contra de lo que se puede pensar, los dueños de obras nos buscan a las maestras mujeres mejor que a los hombres porque dicen que somos más responsables y obedientes. Esto nos ha creado problemas y los maestros nos discriminan mucho, sobre todo aquí en San Pedro, donde no nos toman en cuenta’’.

Ella tiene treinta y cuatro años, su cuerpo todavía conserva los rasgos del encanto femenino. No es tan fornida como Wanda, al menos a simple vista. Sin embargo, sus músculos hablan también del trabajo rudo, sobre todo en aquellos inicios inciertos donde con más entusiasmo que fe salió adelante gracias a esa vocación de no darse por vencida.

‘‘Mis obras más importantes se encuentran en villa España, villa Magdalena y la Filipinas, todas aquí en San Pedro. Pero mi mayor deseo es trabajar el asfalto, en la terminación de vías públicas. Quiero especializarme en eso’’.

De su parte, Ingrid comenzó hace un tiempo su curso de maestría en el CODIA, pero tuvo que abandonarlo debido a su embarazo. Sin embargo, aprende de sus hermanas, además de ser la responsable de plomería en todas las obras que ellas ejecutan:

‘‘En nuestra familia la tradición constructora es muy fuerte, ya que a pesar de mis padres, una tía nuestra es carpintera y hace puertas. Mi padre intuyó que en la familia la tradición iba a seguir, pero nunca se imaginó que seríamos nosotras. Lo sorprendimos cuando le dijimos que queríamos ser maestras. El fue nuestro guía. Nos fue enseñando toda la psicología de la profesión, cómo ligar con las gentes que venían a ganarse la vida, muchos de ellos sin experiencia alguna’’.

José Brea es un padre feliz, ha visto crecer a sus hijas entre cemento y arena con suma responsabilidad y vive orgulloso:

‘‘Ellas han hecho de todo, empezaron por abajo y hoy son maestras muy solicitadas, más que los hombres, con la excepción de Ingrid, quien todavía no se ha graduado, pero es una excelente plomera. Yo me siento muy orgulloso cuando veo que se les sobra trabajo y siempre las están llamando. La mujer es más delicada y detallista que el hombre. Y eso se ve en sus trabajos. Aquí, además de ellas, hay en San Pedro otras dos o tres mujeres que trabajan en la construcción. Sé que ésto es algo fuera de común. Mis hijas son ejemplares como maestras y como personas. Con Wanda trabajé en el proyecto habitacional de Las Filipinas para los damnificados del huracán Georges y guardo muy buenos recuerdos de su actitud y gestión”.

El esposo de Wanda, Manuel de Jesús, se siente orgulloso de su compañera y no teme decir que ella lo llevó a la construcción:

‘‘Nos conocimos cuando yo trabajaba en la Defensa Civil y al poco tiempo nos casamos. Ella ya ayudaba a su padre y poco a poco yo me fui involucrando en este oficio y ya soy parte de él. A veces trabajamos juntos y otras no, pero yo no soy celoso, por el contrario, trato de apoyar en todo. Llevamos nueve años de casados y tenemos dos hijos que también quieren ser constructores. Gracias a Wanda, la construcción es mi medio de vida. Ella tiene un carácter que yo admiro tanto en su faceta de ternura como en la dureza. Somos un matrimonio feliz y nos complementamos perfectamente. Somos esposos, compañeros, hermanos, amigos y socios a la vez. Cuando ella tiene que irse al extranjero, en vez de celarla, me quedo en la casa cuidando a los muchachos. Vivo orgulloso de ella’’.

Dirigente sindical

Wanda guarda su orgullo mayor con gran legitimidad: fue la primera Secretaria General de un Sindicato de la Construcción activo en la República Dominicana.

‘‘Fue una lucha titánica y el hecho de ostentar ese cargo se lo debo a dos dirigentes nacionales, a Esperidón Villa Paredes y a Gabriel del Río, quienes me descubrieron la vocación de servicio y me apoyaron moralmente en todo momento’’.

‘‘Tuve, sin embargo, que enfrentarme a un machismo ridículo, mucho más en un sector como éste, donde las mujeres sólo se ven de cocineras. Cuando deposité la plancha, me dijeron que yo no podía asumir ese cargo porque la dirigiencia sindical sólo era para hombres. Y cuando ellos se dan cuenta que mi plancha fue la única inscrita, suspendieron las elecciones para que no saliera electa por aclamación’’.

‘‘También a nivel de maestros hay mucho celo con nosotras porque los dueños nos prefieren. Pero creo que eso es en sentido general por el hecho de ser mujeres. En cualquier profesión, siempre que una mujer va a hacer algo, siempre va a recibir una opinión negativa por el hecho de ser mujer. Una vez, incluso, un maestro llegó a cuestionarle a mi padre su decisión de ponerme a trabajar a su lado’’.

‘‘Un ejemplo lo viví en ocasión de mis estudios en el CODIA y un compañero me pronosticó que yo no iba a terminar el curso porque no servía para eso, pero al final, ese compañero fue precisamente quien no pasó el curso’’.

‘‘Sin embargo, en el mundo de los trabajadores, hay mucha solidaridad y respeto hacia mí. Ellos nos quieren y son disciplinados’’.

‘‘Lo importante para la mujer trabajadora es realizarse, primero como persona, sin pensar en su condición. El hombre puede hacer una casa, pero la mujer también. Hay muchos trabajos de los signados ‘‘para hombres’’ que las mujeres podemos hacer. Creo que en mi caso, las mujeres que conocen mi historia pueden aprender que sus tareas no sólo están en el hogar, dentro de la oficina o en la zona franca, sino en cualquier otro oficio que les guste. Yo trato de incentivar a mis compañeras, y como dirigente sindical, de dignificar el trabajo del constructor. Por suerte, en San Pedro de Macorís, hay mucha consideración por parte de los dueños de terrenos, y los sueldos, aunque varían, están en la norma. Pero todavía nos queda mucho por hacer, sobre todo en derechos humanos y seguridad e higiene laboral’’.

Eventos internacionales

Cuando Wanda Brea concluyó su discurso de salutación en el Congreso Mundial de la Federación de Trabajadores, celebrado en Caracas, Venezuela, a mediados del presente año, quedó totalmente impresionada. No imaginaba que sería ovacionada por el pleno asambleario con tanta euforia. Era la primera vez que pronunciaba un discurso ante un auditorio tan selecto. Pero su sorpresa fue mayor cuando fue congratulada personalmente por el licenciado Efrén Delgado, rector de la Universidad Central de Caracas.

Allí se habían reunido noventa y cinco mujeres vinculadas al sector de la construcción y muchas de ellas lloraron al escuchar sus palabras. De ese total, ella y su hermana Angela eran las únicas obreras. El resto se dividía entre enfermeras, arquitectas e ingenieras. Muchas de ellas nunca habían visto a maestras constructoras. Incluso, se resistían a pensar que una mujer pudiera acometer esa labor. Ellas les preguntaban constantemente acerca de su inclinación por esa rama sin tener la fortaleza del hombre. Al principio no le creyeron, pero después todo fue distinto. Wanda resultó electa para ocupar un espacio en la mesa directiva del evento.

Antes, también en compañía de Angela, había viajado a ese mismo país al curso de capacitación de líderes ‘‘Unificación de la Industria con la Construcción’’, y a México, al Congreso Nacional de la Federación de Trabajadores de la Construcción’’, ambos en el 2001. Las dos hermanas que ayer tiraban blocks, hoy asombran al mundo por la sabia voluntad de saber crecer.

En Panamá, Wanda fue nombrada Coordinadora de los seminarios de Higiene y Seguridad Laboral que serán impartidos en la República Dominicana en los próximos meses por dos reputados especialistas pertenecientes la Confederación Mundial. Ella, junto a diez hombres y diez mujeres, será adiestrada para luego formar especialistas a lo largo y ancho del país.

Las hijas de Macorís del Mar

Las metas de Wanda y sus hermanas están vinculadas al sector construcción, y sus sueños no tienen otra virtud que la consolidación de la voluntad de servir.

Wanda, por ejemplo, quiere especializarse en el manejo de equipos pesados como aplanadoras y motoniveladoras. Su mayor deseo es fundar en San Pedro de Macorís la Casa del Trabajador, un instituto encargado en educar a los niños y en buscar recursos para mejorar las viviendas de los barrios.

Angela no se queda atrás y espera seguir superándose cada día al igual que Ingrid.

Ellas podrán hacerlo, no sólo por esa incansable fe en sí mismas que las hace ser distintas: a pesar del discrimen y el celo aquí denunciado, San Pedro de Macorís no se arrastra aún tras los pasos de la era global. Todavía lleva el encanto de la tradicionalidad, de ser una ciudad no invadida por edificios, elevados, comercios y centros de ‘‘Fast Food’’. Sus gentes disfrutan el orgullo de comer los mejores pasteles en hojas del país y el pescado fresco a la orilla del mar, como virtud de los atardeceres. Allí, actitudes como las de las hermanas Brea no forman parte del espectáculo, sino de un mecanismo de interiorización acerca del papel de la mujer en el tiempo que nos ha tocado vivir. Ese es el sello que las trasciende y que, mientras conserve su legitimidad, podrá continuar legando páginas ejemplares.

Una opinión experta

Sobre la participación de las mujeres en la construcción, el sindicalista Gabriel del Río opina: ‘‘En la Industria de la Construcción en la República Dominicana, desde el punto de vista histórico, la participación de la mujer ha sido nula, salvo raras y honrosas excepciones, como la de las hermanas Brea en San Pedro de Macorís y unas pocas electricistas en la provincia de Sánchez, vinculadas todas por la herencia familiar. Si se analiza la afiliación sindical desde el punto de vista de la tradición, vamos a encontrar que en los oficios de la construcción (plomería, albañilería, carpintería, etc.), al igual que en el corte de caña, no existe una habitual participación de la mujer. Incluso, a nivel mundial, son oficios destinados ‘‘para hombres’’ con todo el sentido machista que esa palabra implica. Incluso, si revisamos en República Dominicana desde cuándo tenemos ingenieras y arquitectas, nos vamos a dar cuenta que es desde hace muy poco tiempo. El futuro, sin embargo, es más alentador’’.

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