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ESCRITORA

Adiós a Ligia Minaya

Siempre se recordará por su faceta de literata, caminando por las calles de la Feria Internacional del Libro con su sombrero de paja alón y su sonrisa franca y amigable.

De caseta en caseta iba y venía por las concurridas calles de la Plaza de la Cultura en busca de lo mejor de la literatura nacional.

Pero no menos célebre fueron sus facetas de jueza, fiscal y maestra. Siempre ejerció estos oficios con firmeza profesional y pulcritud ciudadana. Por los años ochenta comenzó a incursionar en el periodismo de opinión. Sus palabras de mujer, fuerte y corajuda, le trajeron el respeto y la estima de sus compañeros de oficio.

La conocí un mediodía de 1993 al salir de la oficina de Huchi Lora. Él la saludó con distinción y ella se me quedó mirando como quien descubre un objeto raro. Después, compartimos entrevistas, programas de televisión y encuentros literarios.

El carácter erótico de su narrativa fue fustigado por algunos críticos. Doña Ligia se molestaba mucho porque decía que no la entendían. Ella imponía la personalidad de la mujer frente a la fogosidad masculina y cantaba al disfrute y al placer.

Mocana de pura cepa, amó a su terruño natal hasta el día de su muerte. A pesar de residir en la ciudad norteamericana de Denver, nunca dejó de amar a su patria chica. Cuando sintió que la depresión la consumía, decidió regresar para convivir en paz entre los suyos.

Se ha marchado una mujer muy peculiar, una periodista de garra, una abogada de raigambre y sobre todo, un ser humano valioso que deja una honda huella en quienes compartimos a su lado.

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