VIVENCIAS ¿QUÉ LEER?
Breviario de la melancolía
Cuando se lee autores como Thomas Stearns Eliot se tiene la impresión de que las palabras se eternizan en esta voz poética. El tiempo y el espacio se deslizan sutilmente de su emporio y se revelan como una ilusión que contribuye favorablemente al espacio de la lectura. La razón puede atribuírsele a que cuando la poesía se vuelca hacia el mundo exterior a buscar en la metafísica su corpus temático, entonces la temporalidad y el entorno se vuelven cómplices silentes de esta pesquisa. Esto de la armonía entre tiempo, espacio y poesía no es una cualidad que exclusiva ni inherente a la poética de nuestro admirado poeta Eliot. Existen autores como Carlos Ardavín, que, partiendo de ejemplos como esos, logran extraer de la extemporaneidad espacial la sustancia para su material lírico. Su libro “Breviario de la melancolía” alude a este tipo creativo como una posibilidad tripartita para la expulsión del yo. Poemas como “Visión de Ariadna” sostienen esta percepción: “Desearías, ¡Oh cuanto desearías!,/ preservar su edad,/ habitar con ella inmensa en una inmensa burbuja,/ pero el tiempo y sus ardores os persiguen;/ implacable, el otoño se avecina. Vemos aquí como el tiempo es la médula del poema; sin embargo, que éste transcurra o no es indiferente, pues ya la sentencia la dio el poema antes de que el tiempo tuviera oportunidad de hacer su trabajo. En esta primera parte, titulada “Las flores tardías” es que sucede esto con el tiempo. Ya en la segunda parte del poemario, que lleva por nombre “Usuras del tiempo”, el tiempo asume su rol de controlar los días y las horas: “Olvidemos el amor,/que es un asunto triste,/ Dejemos los besos dormidos,/ en las últimas calles de la memoria,/ Y caminemos abrazados, como dos novios extraviados,/ en medio de la noche o de la nada”. Ya aquí vemos que las acciones transcurren en un espacio definido y en un período determinado. Se concretiza esa cortina de humo que no marcaba bien los lindes entre aquello que se evoca y el cuándo y cómo se produce la evocación. La tercera parte del libro es “Fragmentos”. Se trata unos nanopoemas que agarran suspiros de la realidad. Esas pequeñas frases que solo tienen sentido en la brevedad de su existencia. La cuarta faceta de “Breviario de la melancolía” es “Diario de una ausencia”. Esta parte del texto se compone de poemas propios de la espera y de la contemplación. En estos el tiempo funciona tanto como catalizador de las emociones como protagonista silente y eje que enhebra los hilos del mundo interior del poeta con el universo exterior de la poesía. Vemos como el tiempo en Ardavín, a la manera de Eliot, es un tema siempre latente, ya sea por su aparente ausencia o por su implacable protagonismo. Para comunicarse con

