Desde mi pluma

Ni el tiempo alcanzó

El asesino del niño José Rafael Llenas Aybar salió en libertad esta semana, tras cumplir su condena de 30 años por el horrendo crimen. Pero, ¿realmente cumplió?

Para gran parte de la sociedad, el recuerdo del atroz acto contra el niño de 12 años sigue latente. Y para otros, como yo, que ni siquiera existíamos para la fecha, cada dato del que nos enteramos sobre el crimen resulta más inconcebible que el anterior.

Aquí es donde las posiciones se dividen entre la condena social y el resurgir del debate sobre la indulgencia de nuestro Código Penal.

Porque, si bien Mario Redondo Llenas cumplió (como muy pocos en este país) la pena máxima en prisión, la sociedad jamás olvidará lo que hizo, y ese castigo no tiene fecha de caducidad.

La gente nunca olvidará que él sí podrá abrazar a su hijo y retomar su vida, mientras una familia quedó rota para siempre. Y mucho menos podrá olvidarse cuando el asesino intenta vender una fachada de arrepentimiento cargada de discursos de perdón que muchos no logran creer, como si existiera alguna forma de excusar que le arrebatara la vida a su propio primo de la manera más salvaje posible.

Lo cierto es que, en esta historia, ni el tiempo alcanzó. Porque hay crímenes que simplemente no prescriben en la memoria.

La conversación pública deja en evidencia que la gente no cree en la reinserción cuando se trata de atrocidades. Existen crímenes y tragedias tan atroces que marcan de forma traumática y dolorosa a varias generaciones. Caben muchos ejemplos aquí, incluyendo la tragedia del Jet Set, cuya indignación el tiempo tampoco logra aliviar.

Entonces, este parece un buen momento para replantearnos lo que como sociedad consideramos justo en materia de condenas, porque en demasiados escenarios, 30 años simplemente no son suficientes.