Manteniendo a raya el precio de la canas básica
Es argumento aceptado que, en situaciones críticas, la inestabilidad en las cadenas de suministro o de los precios internacionales impacta negativamente los precios a que los alimentos llegan a los consumidores.
Hay un factor adicional: la ayuda alimentaria estatal. Las compras de alimentos de la canasta básica que realiza el Estado destinadas a ser donadas a poblaciones vulnerables, deben ser por ley realizadas a empresas locales, que provean productos nacionales y cuyas instalaciones de producción estén en territorio nacional.
Estas instituciones demandan los mismos alimentos de la canasta básica y, al suplir contratos estatales de ayuda alimentaria, sus compras inducen presión adicional en la cadena de suministro local de dichos alimentos.
La gran lección es que, en escenarios de inestabilidad de las cadenas de suministro, para toda estrategia de mitigación del hambre, hay que diseñar opciones que sin comprometer el impacto nutricional de la ración que se entrega al beneficiario, no dependan del uso de alimentos de la canasta básica.
En 1950, la USAID y su programa Food for Democracy diseñaron los denominados “sustitutos de comida” o alimentos complementarios fortificados, como el wheat-soy-blend o el corn-soy-blend, que se entregaban a naciones para mitigar el hambre, a cambio del establecimiento de políticas pro-democráticas.
Con el tiempo los gobiernos del hemisferio desarrollaron sus propios alimentos complementarios fortificados con materias primas nacionales como base: Bienestarina / Colombia; PuritaMama / Chile; TENUTRE / México; Incaparina / Guatemala; NutriInfa / Ecuador. Esto es lo que dispensan de manera focalizada como ayuda alimentaria humanitaria a grupos vulnerables, como infantes, embarazadas o lactantes, y adultos mayores.
Dos instituciones del Estado dominicano tienen conocimiento histórico de esas soluciones de ayuda alimentaria. Sería bueno ponderarlas.
Hemos confirmado que en adultos mayores en condiciones de vulnerabilidad alimentaria en el barrio La Zurza, un desayuno o una cena tradicional pueden ser exitosamente reemplazados por una ración compacta de proteínas con almidones locales, reconstituible por el beneficiario solo con agua potable, sin crear presiones a la oferta de alimentos de la canasta básica.
Cada ración cumple con el aporte nutricional de los alimentos que sustituyen, al mismo tiempo que es menos vulnerable a las fluctuaciones de precios de las materias primas alimentarias clásicas y no impacta negativamente la oferta local de los rubros de la canasta básica.
Hay que destacar que estas soluciones se ciñen a los tres pilares que el Poder Ejecutivo ha enunciado que deben sostener los Planes de Emergencia: fortalece los programas sociales y la protección a los sectores más vulnerables; evita el aumento de los precios de los productos básicos, porque reducen su demanda; y como ayuda alimentaria estatal, honra la inversión pública como motor de crecimiento económico.

